Crujientes por fuera, suaves por dentro, los buñuelos son el bocado perfecto para endulzar una tarde lluviosa o invernal.
Hay pocos placeres tan reconfortantes como el aroma que inunda la casa cuando se están cocinando buñuelos. Esas pequeñas obras de arte fritas, doradas y crocantes por fuera, pero sorprendentemente tiernas y esponjosas por dentro, son el capricho ideal para cualquier momento, especialmente cuando el frío aprieta o la lluvia invita a quedarse en casa. Ya sean dulces o salados, los buñuelos tienen un encanto particular que los convierte en un favorito en muchas culturas.
Un viaje a través de la historia
El origen de los buñuelos es tan rico y diverso como sus variedades. Se cree que sus raíces se remontan a la antigüedad, con preparaciones similares que ya existían en el Imperio Romano, donde se conocían como “globos” y se servían con miel. Con el paso del tiempo, estas masas fritas se extendieron por el Mediterráneo y Europa, adaptándose a los ingredientes y gustos locales.
En España, los buñuelos son una tradición arraigada, especialmente durante festividades como Todos los Santos o la Semana Santa, donde los “buñuelos de viento” (llamados así por lo huecos y ligeros que quedan por dentro) son los protagonistas. Sin embargo, su presencia se expandió con la colonización, llegando a América Latina donde adquirieron nuevas formas e ingredientes. En Colombia, los buñuelos de queso son emblemáticos de la Navidad; en México, los buñuelos de viento se bañan en almíbar; y en Argentina, la versión más popular suele ser la de manzana, banana o de acelga, reflejando la diversidad culinaria de la región.
Secretos para buñuelos perfectos
Lograr el buñuelo ideal no es complicado, pero requiere atención a algunos detalles. Aquí van algunos tips para que te queden espectaculares:
- La temperatura del aceite: Este es, quizás, el punto más crucial. El aceite debe estar caliente (aproximadamente 170-180°C), pero no humeando. Si está demasiado frío, los buñuelos absorberán mucho aceite y quedarán grasosos. Si está muy caliente, se dorarán rápidamente por fuera y quedarán crudos por dentro.
- No sobrecargar la sartén: Freilos en tandas pequeñas para que la temperatura del aceite no baje bruscamente y se cocinen de manera uniforme.
- Escurrido clave: Una vez fritos, colocalos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.
- La masa justa: La consistencia de la masa es fundamental. Para buñuelos dulces de fruta, la masa debe ser lo suficientemente espesa para envolver el ingrediente principal, pero lo suficientemente líquida para que caiga de la cuchara. Para los de acelga, debe ser un poco más firme.
Variantes para todos los gustos
- Dulces Clásicos: Los buñuelos de manzana, banana o pera son un clásico. Simplemente cortá la fruta en rodajas finas, pasalas por una masa ligera de harina, huevos y leche, y freí. Espolvorealos con azúcar y canela al sacarlos.
- De Viento: Estos buñuelos, hechos con una masa choux (la misma que se usa para los profiteroles), quedan increíblemente ligeros y huecos por dentro, perfectos para rellenar con crema pastelera o dulce de leche.
- Salados y Nutritivos: Los buñuelos de acelga, espinaca o calabaza son una excelente opción para incorporar verduras de una forma deliciosa. Agregá queso rallado y especias a la masa para un sabor extra.
La receta
Ingredientes
- – 2 huevos
- – 1/2 taza de azúcar
- – 1 1/2 taza de harina leudante
- – Extracto de vainilla o ralladura de naranja
- – 1/2 taza de leche
- – Aceite para freír
El paso a paso
No hay excusas para no disfrutar de estos pequeños placeres. La próxima tarde de lluvia o cuando el invierno se haga sentir, animate a preparar unos buñuelos caseros.