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    Conocé cómo transformar espacios exteriores de tu hogar, en jardines sensoriales. No se trata de tener muchas plantas ni las más exóticas, sino de dejar que cada especie haga su parte.

    En el corazón de la experiencia humana, nuestros sentidos son las puertas que nos conectan con el mundo. Imaginate un espacio donde cada uno de ellos sea no solo reconocido, sino activamente estimulado y celebrado como en los jardines sensoriales.

    Eso es precisamente lo que ofrecen los jardines sensoriales: entornos diseñados meticulosamente para despertar y deleitar la vista, el olfato, el tacto, el oído y, en ocasiones, incluso el gusto. Más que simples arreglos de plantas, son composiciones vivas que invitan a la interacción, la relajación y la exploración.

    “Al planificar, pensá en cómo cada elemento contribuirá a una experiencia multisensorial”

    Un vistazo a la historia de los jardines sensoriales

    La idea de crear jardines con un propósito más allá de lo meramente estético no es nueva. Sus raíces se hunden en diversas culturas y épocas. Ya en la antigüedad, los jardines monásticos medievales incorporaban plantas con propiedades medicinales y aromáticas, buscando un ambiente que favoreciera la meditación y el bienestar. En Japón, los jardines zen, con su cuidadosa disposición de rocas, arena y elementos naturales, buscan inducir la calma y la contemplación, apelando directamente a la vista y el oído.

    Sin embargo, el concepto de jardín sensorial tal como lo conocemos hoy, con un enfoque holístico en la estimulación de los cinco sentidos, cobró fuerza a partir del siglo XX. Pioneros en la educación y la terapia, especialmente aquellos que trabajaban con personas con discapacidades sensoriales o cognitivas, comenzaron a diseñar espacios que les permitieran experimentar el mundo de una manera más rica e interactiva. Estos jardines se convirtieron en herramientas poderosas para el desarrollo, la rehabilitación y el simple disfrute, demostrando el profundo impacto que un entorno natural bien diseñado puede tener en nuestra mente y cuerpo.

    Creando tu propio jardín sensorial en invierno

    La buena noticia es que no necesitás un espacio enorme ni un clima templado para empezar tu propio jardín sensorial. Incluso durante los meses de invierno, podés transformar un rincón de tu jardín, un balcón o incluso una maceta grande en un oasis para los sentidos. La clave está en la elección estratégica de las plantas y los elementos.

    • Vista: En invierno, los colores vibrantes pueden ser escasos, así que enfocate en la textura y la forma. Considerá plantas con hojas perennes de diferentes tonos de verde, follaje plateado o dorado, y cortezas interesantes. Las luces sutiles, farolillos o incluso una fuente pequeña pueden añadir puntos focales.
    • Olfato: Las plantas aromáticas son esenciales. Lavanda, romero, menta, jazmín de invierno o algunas variedades de pino liberan fragancias deliciosas al ser tocadas o con el calor del sol. También podés incorporar macetas con hierbas aromáticas cerca de tu puerta.
    • Tacto: Elegí plantas con texturas variadas: hojas suaves como las de la lavanda, ásperas como las de algunas coníferas, o suculentas. Incorporá elementos naturales como piedras lisas, madera pulida o arena para que la gente pueda tocarlos y sentirlos.
    • Oído: El sonido del viento a través de hojas secas, el suave tintineo de campanillas de viento o el murmullo de una pequeña fuente de agua pueden ser increíblemente relajantes. Los pájaros también aportan su propia sinfonía, así que considerá un comedero para aves.
    • Gusto: Aunque más desafiante en invierno, algunas plantas comestibles pueden prosperar. Pensá en hierbas resistentes al frío como el tomillo o el perejil. Si tenés un espacio resguardado, frutillas de invierno o algunas variedades de cítricos en maceta pueden ser una delicia.

    Recordá que la belleza de un jardín sensorial reside en su capacidad para invitar a la exploración y la calma. Al planificar, pensá en cómo cada elemento contribuirá a una experiencia multisensorial. Con un poco de creatividad, tu jardín invernal puede convertirse en un refugio personal, un lugar donde cada sentido encuentre su propia melodía.

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    Jardines sensoriales, un oasis para los sentidos

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