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    La integración paisajística es fundamental para la arquitectura sustentable en entornos naturales. Recorremos casas que son ejemplos de esta premisa.

    La arquitectura sustentable emerge como una respuesta crucial en la preservación de los paisajes naturales, buscando no solo minimizar el impacto ambiental, sino también integrarse armónicamente con el entorno. Este enfoque no solo respeta la biodiversidad y los ecosistemas locales, sino que también promueve prácticas constructivas que contribuyen a la regeneración de los recursos naturales.

    En el corazón de la arquitectura sustentable se encuentran varios principios clave. La selección cuidadosa de materiales de construcción locales y renovables no solo reduce la huella de carbono, sino que también fomenta la economía local y promueve técnicas tradicionales de construcción que han demostrado su durabilidad y eficiencia energética a lo largo del tiempo.

    La integración paisajística es fundamental para la arquitectura sustentable en entornos naturales. Los edificios se diseñan no solo para adaptarse visualmente al paisaje circundante, sino también para aprovechar al máximo los recursos naturales disponibles, como la luz solar, la ventilación cruzada y la captación de agua de lluvia. Estas prácticas no solo reducen el consumo de energía y agua, sino que también mejoran el confort de los ocupantes.

    Ejemplos como la Casa Piedra de Taller Gabriela Carrillo en Acapulco. La característica esencial de este conjunto es que se ubica en un yacimiento de rocas de granito. Se encontraron desafíos importantes como: preservar el espíritu rocoso, diluir la escala de la casa en una topografía con más de 17 metros de diferencia, buscar el punto de equilibrio donde el mar se asomará, que el viento fluyera y la roca existente en el corazón del proyecto se deslizara bajo la casa-pórtico para desaparecer. La complejidad de la casa no se encuentra en el sencillo sistema regular, sino en los encuentros con la naturaleza de las piedras, los árboles y las curvas de nivel existente. En esencia, construye una tensión entre el oleaje de piedras y las líneas ortogonales de lo construido, y otra entre los límites interiores y el horizonte de los paisajes.

    La arquitectura sustentable emerge como una respuesta crucial en la preservación de los paisajes naturales. 

    La Casa Volta de Ambrosi I Etchegaray en Oaxaca, se compone por tres bóvedas de ladrillo flotando en medio de la densa vegetación de la costa. La casa tiene un orden riguroso, es una planta rectangular subdividida en seis espacios también rectangulares donde se alternan tres patios y tres espacios techados por las bóvedas. En dos de ellos se ubican las habitaciones con sus baños que se abren y cierran mediante puertas de madera y carrizo; el tercero, completamente abierto, se encuentran las áreas de estar, comer y cocinar. Y al centro, el agua, como una presencia constante

    Los edificios se diseñan no solo para adaptarse visualmente al paisaje, sino también para aprovechar al máximo los recursos naturales disponibles.

    Un método constructivo simple con ladrillo de reúso. Por otro lado, las bóvedas, junto con las celosías de carrizo, hacen que el viento fluya todo el tiempo por los espacios interiores, mientras que el agua refresca al exterior, en un clima demasiado caliente y húmedo. Todo esto genera una atmósfera de calidez y fresca al mismo tiempo. La casa es una demostración de que con pocos elementos bien pensados se puede conseguir una relación adecuada con el clima y con la naturaleza, el orden constructivo no se contradice con el caos aparente que lo rodea, al contrario, se complementa y se mimetiza; y también es un recordatorio de que la sencillez siempre es elegante. 

    La Casa Enso de HW-Studio en Guanajuato. La piedra en esta zona del país es un elemento muy arraigado en cualquier forma de expresión cultural. Por esta razón, la elección de la materialidad de esta pieza se dio con mucha facilidad y naturalidad.  Además, había un banco de material cercano, mano de obra capaz, y se propiciaba un diálogo de respeto entre el artificio y su entorno.

    Todo el conjunto se organiza a partir de una planta cruciforme; así, el espacio se divide en cuatro cuadrantes por una cruz de andadores de piedra que define los recorridos, enmarca momentos, y separa un cuadrante del otro. La dispersión de estos espacios obliga a un permanente peregrinaje entre los espacios, y hace entrar en contacto con la tierra, el aire, y la montaña como si de un antiguo monasterio se tratara, enmarcando el paisaje pero, al mismo tiempo, formando parte natural de él.

    La arquitectura sustentable en paisajes naturales no solo es una respuesta necesaria ante los desafíos ambientales globales, sino también una oportunidad para promover un desarrollo humano en armonía con la naturaleza; a través de diseños que respetan y valoran los recursos naturales.

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    María Florencia Oña La Micela

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