Pequeñas pero decisivas, las mesas auxiliares son las verdaderas heroínas de la deco: transforman rincones olvidados en el mejor espacio.
Redondas, cuadradas, altas, bajas, en nido, como mesita de noche o mesa de centro. Las mesas auxiliares son tan versátiles como diversas y originales, y el arte está en buscar la mejor alternativa según tu hogar y rincón. Algunas alternativas para que tengas en cuenta.
Propuestas de estilo según la distribución de tu hogar

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Entre sofás en L: El punto de unión ideal para una pieza angular o metálica que llene el hueco muerto, sirviendo de apoyo a ambos lados sin obstaculizar el paso.
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Trío central en el salón: Rompé con la tradicional mesa de centro única combinando tres mesitas pequeñas de distintas formas. Aporta dinamismo visual y permite moverlas según las necesidades de la reunión.
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En zonas de paso: Apostá por formas curvas o redondas. Las líneas suaves evitan golpes incómodos y fluidifican la circulación en pasillos o entradas.

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Mesas auxiliares con altura: Diseños estilizados que ganan presencia vertical. Son perfectas junto a sillones de respaldo alto o para destacar una lámpara de lectura singular.
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Tipo nido (juego de alturas): La solución de flexibilidad definitiva. Se recogen ocupando el espacio de una sola pieza y se despliegan cuando recibes visitas.
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Junto al sofá en pasillos: Elegí modelos de fondo reducido y líneas estilizadas que acompañen el lateral del asiento sin invadir la zona de tránsito.
Criterios clave para acertar en tu elección

El espacio disponible y la escala. Medí con precisión. Si va junto al sofá, mantené siempre entre 5 y 10 cm de margen para evitar la sensación de agobio y proteger los tapizados. Para salones amplios, puedes permitirte materiales con mayor peso visual (como mármol, madera maciza o acabados oscuros); en habitaciones reducidas, prioriza cristal, cristal templado o estructuras metálicas finas que dejen pasar la luz.
La forma y la fluidez visual. Si tu salón está dominado por sofás rectangulares, alfombras cuadradas y muebles de líneas rectas, romper esa rigidez con un sobre redondo o de formas orgánicas aportará el equilibrio estético necesario.

El acabado y la intencionalidad del material. El color y la textura definen el impacto de la pieza. Podés optar por la continuidad utilizando la misma paleta del resto del mobiliario, o convertir la mesa en un punto focal rompiendo la estética general con un material contrapuesto, como un toque metálico dorado en un ambiente nórdico o madera rústica en un espacio moderno.
La estructura y su funcionalidad inferior. Observá la base: si tiene patas abiertas, vas a ganar un espacio valioso para colocar cestos de fibra natural o cajas organizadoras en el suelo. Si incluye una balda inferior, aprovechá para guardar elementos cotidianos, como los mandos a distancia o libros, manteniendo la superficie superior siempre despejada y decorada con gusto.
La multiplicidad de este tipo de muebles, permite ir cambiando incluso de lugar generando un dinamismo cómplice desde el rincón de tu hogar.


