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    Más que un simple postre, los alfajores de maicena son un ícono de la repostería argentina y una herencia de tradición.

    Si hay una receta que evoca la infancia y la calidez de un hogar, es la de los alfajores de maicena. Con sus dos galletas suaves, su abundante relleno de dulce de leche y su borde cubierto de coco rallado, este clásico de la repostería argentina es mucho más que una simple golosina. Es una tradición, una receta que pasa de generación en generación y un símbolo de celebración en cualquier mesa. Pero, ¿de dónde viene esta popular delicia y qué secretos se esconden detrás de su irresistible suavidad?.

    El origen del clásico alfajor de maicena

    A contra mano de lo que se puede pensar, el alfajor no nació en nuestro país, sino que tiene su origen en España. El nombre deriva de la palabra árabe Al-Hasú, que significa “el relleno”. La primera versión consistía en una base de pasta de almendras, nueces y miel -una combinación que era frecuente en la Península Ibérica durante la invasión de los moros-. Con el paso de los siglos, esta y otras recetas fueron adoptadas por la cultura española. Tras la invasión y establecimiento de colonias en América Latina, su consumo se expandió por el territorio ocupado.

    Alfajores de maicena, el secreto del éxito

    Lograr ese alfajor que se deshace en la boca no es cuestión de suerte, sino de seguir algunos pasos clave. Los reposteros más experimentados comparten sus consejos para que la masa sea suave, delicada y con el sabor justo. Algunos tips:

    -Una vez que hayas incorporado los ingredientes líquidos, mezclá solo hasta que la masa se integre. Amasarla demasiado desarrollará el gluten de la harina, lo que resultará en galletas duras y compactas, en lugar de suaves.

    -No hornees las galletas hasta que se doren. Deben salir del horno pálidas y ligeramente cocidas. La cocción perfecta es la clave de su suavidad. 

    -Una vez que las galletas estén frías, sé generosa con el dulce de leche. Usá una manga de repostería o una cuchara para crear una capa gruesa y uniforme.

    El alfajor de maicena es la prueba de que, a veces, la perfección reside en la simplicidad. Al dominar la técnica de la masa, se puede lograr un postre que trasciende su modestia para convertirse en una verdadera obra de arte. Y es que, al final del día, el mejor alfajor es el que nos recuerda la tradición y el sabor de las cosas hechas con cariño.

    Ingredientes

    • 200 g de harina
    • 200 g de manteca
    • 300 g de almidón de maíz
    •  1/2 cdita de bicarbonato
    • 2 cditas de polvo de hornear
    • 150 g de azúcar
    • Esencia de vainilla y ralladura de limón
    • 3 yemas
    • 2 cditas de coñac

    Extras

    • 1 kilo de dulce de leche repostero
    • Cantidad necesaria de coco rallado

    Preparación

    Paso 1: Batir la manteca con el azúcar hasta que este cremosa y mucho más clara. Sumar las yemas de a una. Perfumar con el coñac, ralladura y la esencia.

    Paso 2: Tamizar la harina y el almidón. Agregar de a poco mezclando. Envolver la masa en film y dejar descansar 30 minutos en la heladera

    Paso 3: Precalentar el horno a 160°. Colocar papel manteca sobre la placa.

    Paso 4: Estirar la masa de ½ cm de espesor sobre mesada enharinada y cortar círculos del diámetro deseado. Para pequeños, de 4 cm. de diámetro y para los grandes de 8 a 10 centímetros.

    Paso 5: Colocar sobre placa y cocinar 8 a 10 minutos. Deben quedar cocidas las tapas pero sin que se doren.

    Paso 6: Dejar enfriar y armar los alfajores con dulce de leche. Hacerlos rodar por coco rallado o nueces.

    Analía de la Llana

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