La revolución caló tan profundo que lo llevó a formar una banda que, con el tiempo, el mismo Cerati reconoció públicamente. Se trató del inicio de una serie de encuentros entre ambos que se sustentaron en el respeto mutuo. 

Por Diana Chiani

Aunque no fueron amigos íntimos, la historia entre Raúl Aguilera y Gustavo Cerati fue “algo personal”. Raúl Aguilera, vocalista y fundador de la banda Bokanegra, que rinde tributo a Soda Stereo desde hace 25 años, cuenta retazos de esta historia. 

Como si hubiera sido fortuita, la primera formación del grupo giró en torno a uno de los recitales de despedida en Chile, en 1997. Sin celulares ni internet, Raúl conoció con el tecladista y el bajista en distintas partes de ese viaje, casi como una manera de devolver lo que el trío había significado para ellos.

Antes de eso, Raúl  (52) vivía en Tunuyán, era un adolescente apasionado por el dibujo,  fanático del Zorro, hijo único, solitario, se vestía todo de negro y “era un friqui cuando todavía no se decía friqui”, ríe Aguilera.

Más que rareza, lo que le sobraba a Raúl era curiosidad. Es que cuando descubrió que con una guitarra criolla se podía tocar algo más que folclore, no dudó en ponerse a investigar hasta –con un par de amigos de la escuela técnica- lograr fabricarse una. 

Primero llegó el rock –Piero, Miguel Mateos, Gieco, Charly, Spinetta- y el intento de tocar arriba de los discos; cuando los cassettes todavía eran una rareza. “Era muy duro para la música. Duro y caradura”, ironiza.

En esas estaba cuando, en 1983, apareció el primer disco de Soda y l3 “cayó una bomba atómica”. Dos años después, intentaba armar su primera banda con amigos de la infancia. “Durante años ensayamos en un galpón entre salames y chacinados que tenía el padre del bajista”, recuerda y agrega que la música que hacían “estaba bastante bien”. 

Tal vez ese haya sido el primer paso para unir sus dos vocaciones actuales ya que, como artista plástico, es docente de carpintería en una escuela de educación especial, al mismo tiempo que hace sonar la viola varias veces por fin de semana “gracias a la magia de Soda”.

Con el tiempo, el mismo Cerati llegó a reconocer a Aguilera y hasta tenía colgado en su estudio un póster de Bokanegra.

Caminos que se cruzan

Como estudiante de la facultad de Artes Plásticas de la UNCuyo y ya instalado en Mendoza, empezó a ensayar con una banda de la que surgió el nombre Bokanegra y que fue una de las cosas que llamó la atención del cantante de Soda. 

Entonces hacían todo tipo de temas –también internacionales- y con la inminencia de su primer toque, había que decidir cómo se llamaban. “Yo no andaba bien en esa época por una ruptura reciente y mi amigo propuso Mano Negra. Le dije que eso ya existía y dijo: ‘bueno Bokanegra, entonces’ y ahí quedó”, cuenta Aguilera. 

En ese momento, y con razón, no creía que el grupo tuviera futuro. Su amigo se fue a tocar temas de los Beatles y él se quedó un poco en banda. Sin embargo, en septiembre de 1997, cuando Soda tocaba sus recitales despedida, conoció a un chico que tocaba el bajo en el colectivo que los llevaba a Chile.

Después del recital, y ante la imposibilidad de subir a un micro lleno, se vagó por las calles de Santiago con otro, que tocaba el teclado. Tiempo después, cerca de un 21 de septiembre, por una llamada equivocada del bajista y el amor por Soda Stereo concretaron la primera formación oficial de Bokanegra como banda tributo a Soda. 

Por esa época, Cerati estaba casado con Cecilia Amenabar; cuya hermana vivía en Tunuyán. “Empezó a ir seguido para allá y muchos de mis amigos me decían que lo habían conocido a Gustavo, se habían sacado fotos o tenían un autógrafo de él”, cuenta Aguilera.

  • ¿Y vos qué hiciste?
    • Nada. En principio me quería matar, estaba enfurecido. Imaginate que a un amigo se le cruzó el vecino para pedirle una parrilla y era porque iba a hacer un asado con Cerati. Lo peor es que, para autoengañarme y que se me fuera un poco la bronca, me empecé a decir que cuando yo lo conociera a él, iba a ser porque él me conocía a mí.  
  • ¿Y qué pasó?
    • Después de un tiempo me encontré con alguien que me felicitó porque él había hablado bien de nosotros en una entrevista. Lo había visto en un sitio de internet. 
  • ¿Qué había dicho?
    • Le pedían una opinión sobre las bandas tributo a Soda y él dijo que en Mendoza había una muy buena llamada Bokanegra. Que nos habíamos adelantado con ese nombre antes de que él sacara Bocanada y tenía una mezcla también con Final Caja Negra. Dijo: “estos tipos están adelante”.
  • ¿Qué sentiste entonces?
  • Sentí, y también lo pude corroborar, que teníamos una sincronía. En algún momento escribimos de cosas parecidas en un tema súper diferente entre sí, pero con el mismo nombre: “Cactus”.

Cuando, en 2003, Ceratti tocó en San Rafael, se quedó con un amigo a la salida para ver si el representante de Gustavo (Barakus) les daba bolilla. Lo llamaron un rato hasta que los vio. De repente señaló a Raúl con el dedo y le dijo: “¿Vos sos el de Bokanegra? Gustavo tiene un poster de ustedes en el estudio”.

“Me describió cómo era la foto y me dijo que pasara a verlo por el hotel. Yo no lo podía creer. Estaba en el Family Inn de San Rafael y ahí pude hablar con él”.

-¿Cómo fue ese encuentro?

– Le dejamos una nota y justo le habían traído la cena. Primero dijo que no pero cuando leyó la nota salió a saludarnos. Fue una actitud muy humilde de su parte y para nosotros alucinante.   

Aguilera no se explaya en las palabras de aquel encuentro. Pero no era la primera vez que estaban frente a frente. Unos años antes, en Mendoza, se coló en una conferencia de prensa en su presentación del disco Bocanada (él era ilustrador de diario UNO) y cuando Cerati llegó lo miró fijamente un largo rato. 

No dijo nada, pero esa mirada fue el comentario generalizado de los presentes. “Creo que él ya me conocía a mí en ese entonces y yo no lo sabía. Sin quererlo, se cumplió mi deseo de que cuando lo conociera sería porque él también supiera quién era yo”, dice. 

Un año después lo vio en Argentina en Vivo y, pese a los cambios físicos de Raúl, Cerati lo recordó. La relación continuó gracias a Fernando Travis, manager del cantante, que le daba acceso a los camarines cada vez que el ex Soda venía a Mendoza. 

“Se generó una relación”, relata Raúl quien aclara que no lo llegó a conocer “tan íntimamente”, pero que “desde lo artístico era un visionario, veía las cosas comunes de manera diferente, una cosmogonía única. Por eso es de esos artistas que modifican a toda la humanidad”, resume 

  • ¿Y a los otros Soda los conociste?
  • Con Charly (Alberti) estuve en un bar en Mendoza y conversamos bastante. A Zeta lo ví cuando fui a una discográfica con mi último disco. Fue justo después de lo de Crogmanon, cuando todo estaba muy revolucionado. Él me dijo que acá no era el momento y que me fuera a Centro América. Fue un buen consejo.

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