Una joven mendocina cuya vida está marcada por la innovación, el desarrollo y la pasión por conocer (y reconocerse) en el mundo.

Por Victoria Navicelli. Contactala aquí. / Fotos: Luis Guiñazú Fader.

Tiene 27 años, nació en Las Paredes, San Rafael, y a muy temprana edad su curiosidad innata la llevó a recorrer diversos senderos. Viajó por diferentes países, compartió experiencias y se empapó de otras culturas. Se reconoció en el mundo, no solo como su ciudadana, sino como parte de una nueva generación de jóvenes dispuestos a cambiar la realidad de las personas de manera estratégica. María Paz Álvarez, una mendocina que destaca la humildad como el pilar fundamental de su vida y, sobre todo, como la herramienta para adentrarse a otros contextos, vincularse con personas y hacer el mach necesario para abrir caminos.

Afirma haber crecido en una familia que la incentivó a explorar. Una eterna apasionada que, de muy chica, descubrió que en la vida es importante conectar con los demás. Formó parte del Movimiento Scout, y los proyectos de impacto ambiental que desarrolló junto a sus referentes, sin dudas, generaron un cambio en su forma de ver el planeta y, sobre todo, su futuro. Se tituló como licenciada en Relaciones Internacionales y, poco tiempo después, decidió encarar un nuevo desafío: una maestría en Internacionalización de Empresas y Comercio Exterior, en la Universidad Católica de Ávila, en España. Nieta de una agricultora, posiblemente, este lazo familiar tenga que ver con su vida presente, pues, Paz, es hoy una de las empresarias más destacadas del país.

La joven mendocina lidera su propia empresa: Zavia Bio, una startup de biotecnología sobre inteligencia artificial aplicada a la adaptación de la agricultura; en un contexto de crisis climática. Una propuesta que pretende aplicar ciencia para generar soluciones reales y que impacten positivamente en el ambiente y en la humanidad. Un dato no menor es que, a pesar de ser una idea joven, ya cuenta con un financiamiento internacional de USD 200.000.

¿Cómo llegaste a ser (y hacer) un mix entre ciencias sociales, tecnología y negocios?

El haber trabajado desde muy chica me permitió identificar las falencias y las necesidades a las que el sector privado se enfrenta todos los días. Pero, además, entender que es importante abordar estás problemáticas desde la ciencia y la tecnología. Luego de terminar la maestría, entendí cómo hacer ese mach entre las relaciones internacionales con la aplicación a casos reales (de empresas reales) y, todo eso, atravesado por la tecnología.

La maestría te marcó el camino

Sí, empecé a enfocarme en algo específico y pude unir las tres patas: la agricultura (la actividad privada) con las relaciones internacionales, la ciencia y la tecnología.

Pero en forma paralela participaste de otros proyectos

Desde que inicié la carrera de grado trabajé siempre. Estuve en el Ministerio de agricultura de la nación, pero también asesoré a startups de residuos urbanos, de software, biotecnología, entre otras. Una de mis últimas experiencias tuvo que ver con un proyecto de inteligencia artificial para la Subsecretaría de ciudades inteligentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Fue poner en práctica las tecnologías exponenciales para impactar a millones de personas y mejorar la calidad de vida de los porteños.

¿Qué aprendiste en esa experiencia?

Aprendí a ver las ciudades desde un punto de vista mucho más humano, poniendo al ciudadano en el centro y entender como la gobernanza de las ciudades tiene que estar enfocada en generar una mejor vida para el ser humano y que las tecnologías no tienen que ser un fin, sino un medio para lograrlo.  A finales del año pasado, decidí renunciar y dedicarme a emprender.

¿Qué momento de tu profesión ha sido importante?

Cuando apliqué a una beca de la universidad que fundó Google y la Nasa, Singularity University, para hacer un programa en tecnologías exponenciales. Estuve entre las veinte personas de Latinoamérica seleccionadas para llevar adelante el proyecto.

Esto me sirvió mucho, fue un antes y un después en mi carrera. Entrar en ese ecosistema, realmente fue muy gratificante. Me ayudó a entender cómo aplicar las tecnologías exponenciales en negocios. Como hacer para que haya transferencia en casos reales, en negocios que también son exponenciales y que, además, logran un impactar positivamente en la vida de millones de personas en todo el mundo.

Y el momento de iluminación se dio

Sí, ahí descubrí lo que quería hacer: pensar soluciones para los problemas que tiene la humanidad, tratando de generar un impacto desde mi lugar y haciendo conexiones entre diferentes disciplinas que se necesitan entre sí para lograr un objetivo. Empecé a estudiar mucho más sobre tecnología, lo hice de manera autodidacta como, por ejemplo, inteligencia artificial.

¿Cuál es, entre tantos, el principal desafío de las empresas?

El entender que las empresas de la actualidad son creadas por chicos muy jóvenes que entienden el “born global”, es decir, el nacer global. Son empresas que nacen mirando al mundo como límite. Es decir, no tienen un límite geográfico. El recurso humano, el talento, no lo encontrás en tu ciudad, sino en el mundo. Como empresa, tenés que ver al mundo entero como posible equipo de trabajo.

¿Y los últimos años, habrán servido para dar este salto?

Sin dudas. Desde el punto de vista empresarial, los últimos años generaron incomodidad. Aceleraron un proceso que, indudablemente, se iba a dar, pero que iba a ser mucho más lento. Y de repente, muchas empresas y, también, usuarios, tuvieron que adaptarse con rapidez.  Asimismo, esta velocidad en la que ocurrió todo, también fue muy cruel con aquellos que no tuvieron la capacidad de adaptarse del todo.

¿El desafío del siglo XXI es ser emprendedor?

No sé si me motiva emprender en sí, sino entender que la realidad no es ajena a nadie. Y, que, por ende, ocurren desafíos que nos afectan a todos por igual. Por ejemplo, la crisis climática. Vivas donde vivas, la crisis te afecta. Entonces, lo que más me motiva y el desafío más grande del siglo va a ser el moverse, correrse de lugar para hacer algo por y para las personas.  Soy muy inquieta y curiosa. Siempre estoy viendo qué puedo sumar. El valor más grande de las personas es aquello que son capaces de entregar, de brindar. No el medio por el cual lo hace.  Está un poco romantizada la idea de emprender, y no hay que dejar de lado a las diferentes profesiones que tanto pueden hacer por la sociedad y por el mundo,

¿Y cuál es la mejor forma de empezar a aportar a la sociedad?

Ser parte del ecosistema, rodearse de jóvenes que trabajan en proyectos vinculados con el contexto. Esto es un gran modelo a seguir y, en Mendoza, existen muchos chicos y chicas que están en este camino. Y son realmente inspiradores.

Zabia Bio, qué significa

Es una empresa de biotecnología de inteligencia artificial aplicada la adaptación de la agricultura en el contexto de crisis climática.

Pretendemos desarrollar herramientas ambientalmente sostenibles que nos permitan garantizar aplicarlo en un contexto adverso, en el que la crisis climática está perjudicando a la agricultura. Lo cual tiene un impacto directo en la vida humana, desde lo económico, hasta en los modelos de producción, alimentación, etc.

Queremos aplicar ciencia para generar soluciones y que los cultivos se adapten al contexto. Empezamos hace muy poco y hoy estamos financiados con USD 200.000. Y, junto a mis socios, nos dedicamos de lleno en el proyecto.

Quiénes son tus referentes

Son muchas personas, empezando por el movimiento scout: Facundo Franchetti. Él fue la persona con la que sentí más contención cuando quise salir al mundo. Me hizo sentir que el mundo es mi casa y de que, realmente, soy una ciudadana global.

Federico Márquez, lo conocí en Singularity University, fue uno de mis mentores, me abrió las puertas al mundo de la biotecnología. Y me presentó el fondo de inversión que hoy es el inversor de mi startup, de hecho, él es parte de ese fondo de inversión.

Y, una mentora de la vida es Majo Rubio Nanclares, directora de la Fundación Endeavor, es una mujer increíble que todos los días nos mensajeamos. Me pone en contacto con el ecosistema y me ayuda a mejorar día a día.

Tu película (o género) favorita

Las películas de ciencia ficción y las históricas.

Que música escuchas

El rock nacional y la música en otros idiomas. Lo siento perfecto para conectar con otros países y culturas.

Una palabra que te defina

Una persona nexialista, que logra entender sobre todas las disciplinas y hacer que esas disciplinas se entiendan entre sí y trabajen juntas. Ser un nexo.

El rol de la mujer en el campo de la ciencia de la tecnología

Si la innovación científico tecnológica no está desarrollada desde a diversidad, lo cierto es que nunca vamos a poder abordar correctamente las problemáticas y los desafíos.

Hablo de mujeres, de otras diversidades de género, de diferentes nacionalidades, de diversas etnias… No vamos a avanzar si las decisiones siguen siendo tomadas por un grupo reducido de personas que no representan a toda la humanidad. Y, la realidad de las mujeres en el campo de la ciencia y la tecnología necesita atención plena y rápida, porque los avances son igualmente rápidos.

Por ello, la responsabilidad que tenemos las mujeres es de incentivar e inspirar a otras mujeres, niñas y adolescentes para que se conecten con el campo de la ciencia y la tecnología.

¿Querés leer la edición interactiva digital de la Revista ClubHouse? Hacé clic aquí.

Conocé más sobre Revista ClubHouse.

Deje su respuesta

Please enter your comment!
Por favor introduzca su nombre