Ha dedicado su vida a defender los derechos de la niñez en Mendoza. Comprometida desde el alma y sin descanso a través de la organización por ella fundada en el año 1971.

Por Victoria Navicelli. Contactala aquí. / Fotos: Luis Guiñazú Fader.

A sus 40 años de edad, y luego de ver situaciones injustas que rodeaban a los niños y niñas de Mendoza, Alicia Beines de Mayorga decidió poner su corazón al servicio de los más pequeños. Esto la movilizó para crear en 1971 AVOME, Asociación Voluntarios de Mendoza de Niñez y Familia, una institución que en octubre de 2021 celebró su 50° aniversario.

Bien se sabe que las organizaciones son como las personas, nacen y mueren. Sin embargo, AVOME logra sostenerse gracias a la labor de mujeres comprometidas y, sobre todo, por la energía y voluntad de Alicia, quien en diciembre cumplió 91 años de edad.

¿Cómo surgió AVOME?

Una tiene una vocación de servicio que no solo se puede volcar a la familia o a los seres más queridos e inmediatos, sino que también tenés que servir a cierto sector de la sociedad. Y, si bien todos merecen atención, a mí siempre me interesó ayudar a los niños.

Venir al mundo es un don, pero no hay derecho que ese ser llamado a la vida no reciba todas las posibilidades que necesita para desarrollarse como persona. Por eso, es que decidí ayudar a los niños. Fui a la Casa Cuna, pues sentí que ahí estaban los niños privados de contacto con su familia biológica. Cuando fui decidí incorporarme para colaborar. Encontré una realidad muy fuerte. Las personas que me recibieron me desalentaron un poco. Sin embargo, sabía que había una necesidad y por eso avancé con el proyecto.

¿Qué la motivó a armar este proyecto?

El gesto humano, el servicio. Es una convicción muy profunda en mí. La necesidad de sentirme útil y, ahora, que soy mayor…no puedo concebir la ancianidad sin continuar con la colaboración. Siempre hay qué dar y cómo aportar.

¿Qué hacen en esta organización?

Si bien, la misión de AVOME siempre fue muy clara y concreta, hemos tenido flexibilidad para amoldarnos a la realidad que siempre es dinámica y cambiante. Básicamente, defendemos el derecho a la educación y a la familia, pues no existe la superación personal sin estos dos factores. Tenemos jardines maternales, también pequeños hogares, programadas de acogimiento familiar, entre otras labores que realizamos.

Creo que la maduración que debe llevar adelante el ser humano es el del amor al otro, a los seres y no a las cosas.

Una tarea compleja…

Siempre afirmo que lo valioso también es exigente, y en AVOME hemos trabajado con responsabilidad para que cada quien encuentre su lugar. Estamos en constante aprendizaje, pues creemos que las organizaciones están vivas y están creciendo todo el tiempo. No somos perfectos, pero trabajamos para aportar a la sociedad.

¿Qué significa trabajar con voluntarios?

Nos parece hermoso trabajar con gente voluntaria, porque tienen vocación de servicio. No piensan en que van a recibir un sueldo, sino que se prueban en sí mismos la capacidad de ser valioso para los demás. Y eso es el significado de trabajar con voluntarios. Siempre hay algo para dar: una palabra, contención, amor, respeto… ayuda de todo tipo.

¿Por qué ser voluntario?

Todo el mundo debería ser voluntario. El servicio es la clave de la felicidad, sino vivís pensando en forma individual, en dominar y poseer. Las cosas nos dan satisfacción momentánea, pero cuando experimentás el gozo profundo de ver que hay alguien que está feliz por algo mínimo que vos pudiste hacer para cambiar su realidad; es una experiencia interior tan rica que nos hace bien como seres humanos.

No puedo concebir la ancianidad sin continuar con la colaboración.

En una oportunidad que hablaba sobre las familias temporarias y sobre la importancia de que el niño, niña o adolescente se sienta feliz y con alegría de vivir. ¿Siente que la institución le dio eso a usted?

Sí, totalmente. La institución me ha dado tantas posibilidades de ayudar a los niños y niñas que me han alimentado la vida. ¿Cómo puedo ver la tristeza de los pequeños y no hacer nada? Eso es triste, la indiferencia.

¿Qué es la felicidad?

En mi caso, a pesar de las limitaciones que puedo llegar a tener, la felicidad es el seguir sirviendo a los demás. Servir, seguir siendo útil.

¿Qué recuerdo tiene de la institución?

Muchas anécdotas que me llenan de gozo. Me he encontrado con adultos que, de niños, hemos tenido en los hogares y me han agradecido tanto amor, afecto y, sobre todo, la oportunidad de crecer sanamente y así transformarse en buenas y grandes personas.

Yo pensaba que las cosas entraban por un oído y salían por el otro, pero cuando trabajás con valores, con respeto y amor hacia el otro, las experiencias se capitalizan.

El servicio es la clave de la felicidad, sino vivís pensando en forma individual, en dominar y poseer.

¿Qué desafíos tuvo sosteniendo la institución?

(Respira) ¡Uf!, muchos. Para empezar, trabajar con personas no es sencillo. Económicamente, hemos estado al borde del llanto por no saber cómo seguir. Sin embargo, Dios siempre ha provisto. Nunca hemos estado en situaciones extremas en las que no hemos podido cumplir con nuestras obligaciones. Y, el sostenimiento de la organización durante estos 50 años se ha logrado gracias al trabajo colectivo y a ponerle el corazón a lo que hacemos en AVOME.

¿En qué creé que está fallando la sociedad?

En 2005 se sancionó la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de NiñasNiños y Adolescentes. En ella hay dos principios muy importantes. En primer lugar, el que habla sobre atender el interés superior del niño, niña, adolescente. Y, en segundo lugar, la importancia de la escucha de la voz del niño, niña, adolescente.

Sin embargo, son las dos cosas que más se vulneran en la actualidad, pues no están bien definidas. Se las invoca según la conveniencia de cada quien para defender lo que argumenta. Esta es una deuda pendiente de la sociedad. Aún hay mucho que trabajar.

¿Qué sociedad desea dejarles a los niños, niñas  y adolescentes?

En AVOME (y en la vida) trabajamos desde el amor, el cuidado, el respeto… Romano Guardini dice que “amar a alguien es descubrir lo valioso que hay en esa persona y hacer que se acreciente y se mantenga en el tiempo”. Es buscar lo bueno y, cuando te enfocás en eso, por lógica sos una persona que mira la vida con esperanza. Si bien tenemos muchas cosas para mejorar, sabemos que tenemos que caminar juntos hacia algo mejor.

Este contexto mundial no hace ver que solo importa una sola cosa: ¿Qué hacemos como sociedad para mejorar como colectivo y ayudar a los demás?  Apuesto a un determinado tipo de sociedad. Creo que la maduración que debe llevar adelante el ser humano es el del amor al otro, a los seres y no a las cosas. Una sociedad responsable y solidaria. Entender que no nos realizamos solos, si a nuestro alrededor se viven injusticias.

¿Querés leer la edición interactiva digital de la Revista ClubHouse? Hacé clic aquí.

Conocé más sobre Revista ClubHouse.

 

Deje su respuesta

Please enter your comment!
Por favor introduzca su nombre