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    La forma como interpretamos la palabra “fracaso” determina en gran parte cómo nos desenvolvemos tanto en el ámbito laboral como personal. Por eso, es importante hacer una introspección y entender cómo enfrentamos esas frustraciones para empezar a tomar decisiones más conscientes y positivas para nuestra vida.

    Por Renata Piglionico

    Paula volvía a su casa. Antes de cruzar la puerta hizo una lista de los pendientes que quedaron en su cabeza y que no alcanzó a pasar en la agenda. Escuchaba la voz de los niños desde afuera y no se animaba a entrar a la casa y sacar los papeles de la oficina. La invadió la culpa. Se sentó en el primer escalón de la entrada. Dejó el maletín en el piso y lo hurgó para encontrar la libreta de anotaciones. La encontró, la abrió y comenzó a anotar todas las cosas que necesitaban concretarse al día siguiente… -¡Mamá!, escuchó desde afuera y casi en el momento, el llanto de una de sus hijas. Tiró la libreta y en un acto reflejo, se hizo con las llaves para abrir la puerta. Emilia lloraba y se “sobaba” la cabeza. Estaba en el piso, al lado, un tacho de pintura dado vuelta y los libros del tercer estante de la biblioteca desparramados en el suelo… Corrió a abrazarla, y todo lo que antes salía como ideas laborales a borbotones se convirtió en un cruel dolor, una madeja gris, sin principio ni final en la que una y otra vez daba vuelta sobre sí misma la sentencia: “¡Yo no estaba!”.

    Así como la historia de Paula, hay miles; Esteban, que tenía a su mamá internada y no podía estar con ella; Leticia, que trabajaba horas extra pero no obtuvo ese ascenso deseado y su vida personal resultó perjudicada… “Estas situaciones son vividas, muchas veces, con emociones combinadas: miedo, enojo, culpa, tristeza, dolor… Son sentidas como fracaso”, nos cuenta la magíster y coach María Eugenia Salinas, quien comparte un acercamiento al origen de esta emoción y algunas recomendaciones para que no paralice tu espíritu, sino que le dé impulso para cambiar y crecer. Empecemos.

    Te preguntaste alguna vez ¿quién metió por primera vez en tu cabeza la idea de fracaso? La coach recomienda, como primer paso, reconocer a dónde va la memoria cuando se piensa en el primer fracaso y, luego, cuál fue ese momento de quiebre en tu vida adulta en que sentiste que te estrellabas en vez de abrazar la meta. ¿Qué tienen en común estas dos situaciones?

    ¿Te das cuenta que la idea de fracaso proviene de la consciencia de la mirada externa? La vara que nos mide y juzga y que instala en nosotros la altura del éxito. El fracaso, como emoción, tiene una relación indisoluble con otra emoción: la culpa de no ser suficiente. Suficientemente mamá, suficientemente hijo. Trabajador suficiente”, definió Salinas y continuó: “Encontrar en nuestros recuerdos la primera vez que no nos sentimos “a la altura” nos trae mucha información de a qué está atada esa sensación dolorosa: ¿a quién queríamos agradar? ¿De quién esperábamos una sonrisa de apoyo? ¿Quién tenía que sentirse orgulloso de nosotros? ¿Buscábamos aprobación de quién…?”.

    Por su parte, la psicóloga Liliam Cubillos afirma que el fracaso “es muy global y está sujeto a una cantidad de variables, indicadores y expectativas internas y a los condicionamientos externos de los entornos donde el individuo se mueve, ya sea en lo familiar, social o laboral”. Es decir, que el fracaso proviene mayormente de la vergüenza de no cumplir con las expectativas que los demás tienen sobre nosotros y este es un mecanismo adquirido desde la niñez.

    Pero hoy, en nuestro presente, necesitamos tomar consciencia de la procedencia de ese dolor e intentar conocernos más, entender nuestras limitaciones, nuestros tiempos y aprender a escuchar a nuestro “yo interior”. Quizás actualmente no puedas ser la empleada perfecta, pero algo adentro tuyo te dice que es más importante estar con tu padre enfermo; quizás no conseguiste ese trabajo que tanto anhelabas, pero intentar entender por qué solamente genera más inseguridades y probablemente nunca tengas la certeza; la clave, confiar en que hay otro proyecto u otro trabajo que sí será para vos, sino con alguien, con vos misma como emprendedor o emprendedora. Sí, existe una enorme presión para hacerlo y serlo todo, pero mientras más conscientes seamos de que esto es una falacia, más fácilmente lidiaremos con los “fracasos” e, incluso, dejaremos de sentirlos como tal.

    El fracaso proviene mayormente de la vergüenza de no cumplir con las expectativas que los demás tienen sobre nosotros y este es un mecanismo adquirido desde la niñez.

    Una técnica que puede ayudarte, recomienda la coach es “mirar el día después de cada vez que sentimos nuestros sueños rotos en pedazos. Eso nos habilitará para descubrir que el tiempo acomodó ese momento para proyectarnos al plan b, que resultó ser un buen plan”.  Después de todo, el fracaso es la madre del éxito, el cual se consolida del fracaso. El psicólogo clínico Samuel Merlano agrega que “sin fracaso no hay éxito, de ahí la importancia de aprender de las imperfecciones, los desaciertos, las fallas, los errores que cometemos a diario. Solo si aprendemos del fracaso, triunfamos”.

    Entender el significado de fracaso, explica la especialista, implica descubrir a quién estoy tratando de complacer. Encontrar, de repente, que la altura de la vara es excesiva para mí y empezar a marcar los logros a niveles más accesibles. En este punto, podemos analizar lo que entendemos, por ejemplo, como fracaso laboral. “La idea se vuelve más clara cuando comprendo que un plan puede no llegar a cumplir con el objetivo y que lo más saludable es reevaluar en el camino y, “recalculando”, elegir una alternativa. ¡El éxito del fracaso es lo que nos hace sentir humanos! Sí, limitados, imperfectos y, de repente, factibles de ser rechazados por otro”, sintetiza la magíster.

    ¿Qué podés hacer para afrontar estas situaciones?

    Revisá lo que significa “fracaso” para vos. A partir de lo expuesto hasta acá, tomate un tiempo para entender qué te hace sentir “un fracaso” y ponelo en perspectiva con tu historia personal, las presiones socialesy tus deseos reales.

    Transformá la expresión “Fracasé” por “Las acciones o decisiones que tomé han fracasado”. Este cambio lingüístico facilitará emociones diferentes.

    Sé fuerte. La fortaleza interior nos permite tener la certeza de que, pase lo que pase, vamos a encontrar la manera de sobrevivir y estar mejor. Sin esta fuerza, podemos caer en depresión si algo no sale como esperábamos.

    Confiá en tu instinto. Nuestro instinto nos manda señales sobre ciertas personas, sobre ciertas situaciones. Si no te estás sintiendo bien en esa oficina o sabés que las cosas no avanzan, replanteate el hecho de que quizás no estás fracasando, sino que ese no es tu lugar.

    Empezá de nuevo y anticipá qué puede salir mal. Esta reflexión nos ayuda a planificar o tener en cuenta aspectos que de otro modo no consideraríamos, permitiéndonos anticipar soluciones a imprevistos y mantener expectativas más realistas.

    Incorporá el aprendizaje “el fracaso es sinónimo de experiencia”. El fracaso puede ser positivo si lo ves como lo que es: aprendizaje y maduración. Estas herramientas pueden ser útiles no solo para tu vida laboral, sino para tus experiencias cotidianas. Y recordá siempre que, como dijo Winston Churchill, “el éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

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