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    Un pequeño oasis mendocino, en el corazón de la zona céntrica. Un lugar calmo, rodeado de naturaleza y lleno de pequeños detalles que, cual juego de escondidas, se van descubriendo en cada rincón.

    Por Dis. Interiores Flor Suarez Apatye

    Este discreto hotel B&B (bed & breakfast) deja una huella en la retina de quien lo visite. Al cruzar el umbral de este lugar citadino, se intuye estar ante un gran sorpresa. Y así es.

    Cada espacio comunica hospitalidad, algo que tiene muy claro Mariela, la mentora de este hotel que con mucho orgullo llamó “Casa Lila”, como su abuela, de quien heredó algunos muebles que hoy son parte del interiorismo.

    El lugar está separado en tres cuerpos. Por un lado, la recepción con un estar común. Por otro, un espacio donde se ubican las habitaciones. Y, hacia el fondo, el último cuerpo, donde se encuentra la vivienda de los propietarios.

    Su estilo y el mobiliario muta constantemente. Muebles de herencia y búsquedas entre anticuarios, construyen los espacios. Seguramente, cada nueva visita sorprenda con algo nuevo.

    El jardín es el corazón del lugar. Allí, entre árboles y plantas, diversos rincones invitan a sentarse a disfrutar de un libro, una copa de vino o, simplemente, a contactarse con el silencio que reina en el lugar.

    Al corazón de la manzana se accede a partir de un largo pasillo, cuya impronta lo marca el color verde de plantas y un limonero, que embellece el recorrido. Este es, el secreto del lugar.

    En el edificio de la recepción, un gran ventanal domina el espacio, generando que todo gire en torno a la vista. Una mesa estilo provenzal en el centro, con sillas de madera y cuero. Enmarcando el espacio, se dispusieron los sillones.

    Detalle de la lámpara de vidrio adquirida en una venta de antigüedades.

    En el estar principal donde se sirven los desayunos, se puede disfrutar de una copa de vino o compartir momentos con otros huéspedes.

    Muchos de los muebles fueron herencia y se exponen con orgullo.

    Detalles en la puerta de las habitaciones. Con la llegada de un huésped, se personaliza la habitación, un grato ejemplo de hospitalidad.

    Cada una de las habitaciones tiene un color que la define. El equipamiento se desarrolló mediante la mezcla de estilos, entre muebles hechos a medida, comprados y, algunos otros, heredados.

    El jardín está lleno de pequeños detalles que se van descubriendo, si se presta atención.

    Agradecimiento a Casa Lila y sus dueños Mariela, Pablo, Josefina y Delfina.

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    Redacción Mundo CH

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