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    En esta edición de ClubHouse, profesionales locales nos aconsejan acerca de la relación padres e hijos con respecto a las nuevas tecnologías

    Por Zulema Usach

    En tiempos en que las pantallas y las redes sociales parecen colarse en todos los planos de la vida, es fundamental aprender a instalar límites, generar conciencia, mirar nuestra propia relación con la tecnología y mantener el diálogo con los hijos.

    Julián llega de la escuela, deja su mochila sobre el sillón, se lava las manos y almuerza muy apresurado. Quiere demorar lo menos posible para superar la meta que se había propuesto en el juego de la play. Se sienta en el piso, activa el dispositivo y se traslada al mundo virtual. Emilia, mientras tanto, contesta los mensajes de whatsapp que no pudo revisar mientras estaba en clase y los contesta. Se saca fotos, las envía y deja en línea su casilla de Facebook para conocer las novedades y comentarios de sus contactos…

    Tan cotidianas como variables, las escenas de la vida familiar que se presentan “atadas” a las nuevas tecnologías, requieren de la presencia constante de padres y madres, que -también en ocasiones dispersos por la prisa que ofrece este mundo de híperconectividad- deben proponerse ellos mismos el desafío de no perder el foco de la atención que requieren sus hijos.

    Desde el punto de vista de quienes trabajan de cerca con niños y adolescentes, el rol de los adultos es de vital importancia a la hora de prevenir usos no deseados o indebidos del “combo” que hoy ofrecen las nuevas tecnologías, potenciadas por las redes sociales.

    Verónica García es psicóloga infantil y a partir de su experiencia, pone el énfasis en la importancia de que en el entorno familiar se propicien momentos favorables para el diálogo y la escucha con los más chicos.

    Si bien de ningún modo, ella recomienda apartarlos de un contexto que ya viene impregando de aires cibernéticos, sí considera fundamental que los padres puedan visualizar en qué momentos, durante cuánto tiempo y con qué objetivo los más chicos de la casa son expuestos a las pantallas.

    De hecho, aclara que no es lo mismo facilitar a un niño o niña un dispositivo (sea celular, tablet, televisor o PC) durante algunos minutos para entretenerlo y mientras tanto darse unos minutos para resolver cuestiones personales pendientes, que dejarlo durante horas solo. En edades más avanzadas, en tanto, será necesario establecer algunos acuerdos a la hora de acompañar el proceso para que sea el/ la adolescentes quien reconozca sus límites e incorpore la manera más adecuada de acceder a páginas, conectarse y vincularse con otros, con las redes sociales de por medio.

    En todos los casos, apunta la profesional, es indispensable que el uso de las nuevas plataformas -que día a día presentan novedades de toda índole- no suplante la presencia de los padres. “La palabra, el acompañamiento, el juego compartido, el afecto, son aspectos fundamentales para el desarrollo psíquico del niño y que no deben diluirse”, reflexiona García y recomienda que si estas maneras de vincularse han quedado desplazadas por las tecnologías, es fundamental revisar los hábitos en el seno de la familia.

    “No hay nada más cercano a la salud mental que la presencia de los adultos en el crecimiento de sus hijos”, insiste y ejemplifica que un método saludable para los más pequeños es hacerse una pausa en la vorágine cotidiana y volver al juego. A través de éste, cualquiera sea, ellos aprenden, construyen significaciones, se atribuyen roles, resuelven problemas en conjunto y -lo que es más importante- se sienten queridos.

    García profundiza en este sentido que, en realidad, el problema mayor lo tienen los adultos, porque “si estamos nosotros todo el tiempo mirando el celular o la computadora en lugar de compartir tiempo con los hijos, ellos van a incorporar que lo que está puesto en valor dentro del hogar es justamente la pantalla y no el vínculo afectivo y la conexión cara a cara”. “Los padres nos tenemos que posicionar y plantearnos estas cosas. No es fácil pero debe ser algo que podamos sostener. De este modo, luego el adolescente podrá cuestionarse el uso de la tecnología cuando sea más grande. Será más consciente de los riesgos”, sentencia García.

    Para Mónica Coronado, psicopedagoga con amplia trayectoria, la temática requiere de un compromiso constante por parte de los padres y/o tutores. Expresa, de hecho, que una de las inquietudes que plantean los propios chicos es que por ejemplo, su padre o madre no le presta atención al momento de hacer los deberes porque está pendiente de los mensajes de whatsapp o viendo si alguien le dio un “me gusta” a alguna foto o comentario del Face. “En estas situaciones el niño o niña se siente minimizado e incorpora que ese hábito que ve de un mayor es lo normal”, destaca la especialista.

    Lo mismo sucede cuando a los más pequeños se les da el celular con la mera intención de entretenerlo y calmar su ansiedad. “Se usa la tecnología como un chupete electrónico que lo único que hace es que el niño o niña crezca sin saber qué es el aburrimiento, cuando en realidad éste es necesario”, destaca Coronado y explica que justamente los momentos de aburrimiento en el pequeño/a es el disparador que les va a generar la necesidad de explorar, aprender y conocer.

    La psicopedagoga opina de hecho, que un niño o niña menor de diez años no tiene por qué tener un celular, salvo que sea destinado exclusivamente para avisar a los padres sobre alguna urgencia o necesidad que surja al estar fuera de casa. Un momento que Coronado destaca de la vida en familia es el almuerzo o la cena. Dice, en este sentido, que es saludable que cuando la familia se sienta a la mesa todos tengan sus celulares alejados o, bien, apagados. “De eso se trata cuando hablamos de la importancia de autorregularse”, destaca.

    “UNA DE LAS INQUIETUDES QUE PLANTEAN LOS PROPIOS CHICOS ES QUE SU PADRE O MADRE NO LE PRESTA ATENCIÓN AL MOMENTO DE HACER LOS DEBERES PORQUE ESTÁ PENDIENTE DE LOS MENSAJES DE WHATSAPP”.

    Adolescencia, doble desafío

    Ahora bien. Si el desafío durante los primeros años de vida es grande para los padres, hacia la llegada de la adolescencia la apuesta se redobla. Es que debido a las propias características de esta etapa de crecimiento y desarrollo -y mientras el mundo virtual está a tan sólo un click- el escenario exige a madres y padres posicionarse de manera asertiva pero, al mismo tiempo, consciente de los límites a transmitir.

    “EL CIBERACOSO Y EL BULLYNG SON EJEMPLOS DE LAS CONSECUENCIAS QUE PUEDE TRAER APAREJADO EL MAL USO DE LAS TECNOLOGÍAS”.

    En este sentido, Claudio Peña, director de la escuela José Vicente Zapata es palabra autorizada. Justamente, es uno de los educadores que más ha trabajado el uso de las nuevas tecnologías tanto en el aula con los alumnos como con los padres.

    Una de las últimas experiencias positivas en este sentido tiene que ver con el dictado de talleres destinados a madres y padres. Entre las temáticas trabajadas se encuentra la relacionada al uso de las redes sociales (Instagram, Facebook y whatsapp). Esto, debido a que son estas vías las que los jóvenes más utilizan y donde también se potencian riesgos, como el ciberbullyng, el acoso sexual (grooming) y las prácticas nocivas tales como el juego de la ballena azul, surgido recientemente.

    Peña destaca que las situaciones negativas pueden ser llevadas al plano de la reflexión tanto en la familia como en el aula de manera que los adolescentes tengan la posibilidad de detectar situaciones riesgosas.

    “Los padres deben estar muy presentes en este nuevo escenario de tecnologías”, aconseja y destaca que una manera es, por ejemplo, saber las amistades que tienen sus hijos en las redes y -en forma conjunta- lograr que el diálogo sea fluido, con la mirada puesta en la prevención.

    Peña, quien además preside la Asociación Profesional de Directores de Educación Media, también recomienda prestar atención de los cambios repentinos en el estado anímico de los hijos, porque eso puede ser una señal de que algo le está sucediendo y no sabe cómo expresarlo. Por eso, la reflexión vuelve a figurarse como el antídoto ideal. “En el caso de detectar un estado anímico cambiante, es importante acudir a un experto y la escuela a la que asiste el o la adolescente”, dice el educador especializado en nuevas tecnologías.

    Entre los contenidos que los más jóvenes deben incorporar antes de utilizar las redes sociales figura la diferencia entre la instancia pública y la privada. Es decir, qué cosas es positivo compartir, dar a conocer y comentar y cuáles no. Las fotos personales son un claro ejemplo ya que no es conveniente que todas pasen a formar parte de universo virtual. “El ciberacoso y bullyng son ejemplos de las consecuencias que puede traer aparejado el mal uso de las tecnologías. Por eso es primordial que su uso sea responsable”, plantea Peña.

    Una manera de potenciar este uso consciente es que dentro de la familia se establezcan protocolos y pautas, con horarios y momentos establecidos. “En este sentido, es fundamental que los padres den el ejemplo”, recalca el profesional.

    “SE USA LA TECNOLOGÍA COMO UN CHUPETE ELECTRÓNICO QUE LO ÚNICO QUE HACE ES QUE EL NIÑO O NIÑA CREZCA SIN SABER QUÉ ES EL ABURRIMIENTO”.

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