More

    El sistema modular del sofá acordeón  regresa a los interiores más sofisticados, diseñado en Suiza en 1972, como el legendario DS-600.

    En la era del contenido viral, es fácil asumir que las piezas de mobiliario que inundan las plataformas digitales son lanzamientos recientes. Sin embargo, el sofá acordeón o Non-Stop lleva más de medio siglo transformando la arquitectura interior. Creado en 1972 por los diseñadores Ueli Berger, Eleonore Peduzzi-Riva, Heinz Ulrich y Klaus Vogt para la prestigiosa firma suiza de Sede (bajo la denominación oficial DS-600), este clásico atemporal vuelve a posicionarse como el objeto de deseo definitivo del diseño de vanguardia.

    Su vigencia no responde a una mera ola de nostalgia retro, sino a su capacidad visionaria para resolver las necesidades de fluidez y adaptabilidad que demanda la vivienda del siglo XXI.

    Anatomía de una escultura maleable

    A diferencia de las rinconeras o los sofás modulares convencionales —compuestos por bloques rígidos de gran volumen—, el DS-600 se articula mediante la repetición de gajos estrechos unidos entre sí. Esta configuración en cremallera le permite serpentear con soltura, dibujando ángulos cerrados, curvas suaves o trazados sinuosos que se adaptan con precisión milimétrica a la planta del ambiente.

    Más que un simple asiento, funciona como un elemento arquitectónico en sí mismo:

    • Zonificación sin tabiques: Separado de los muros perimetrales, actúa como un límite suave que divide sectores —por ejemplo, el estar del comedor— permitiendo una lectura panorámica en 360 grados.

    • Dinamización del espacio: Sus siluetas orgánicas suavizan la severidad visual de los ambientes dominados por la geometría recta, el hormigón visto o las grandes superficies de madera.

    • Foco de sociabilidad: Al abandonar la disposición lineal tradicional frente al televisor, su formato curvo orienta a los usuarios cara a cara, propiciando la interacción humana de forma natural.

    Claves para integrarlo con elegancia

    Por su imponente presencia física y riqueza plástica, incorporar una composición acordeón exige una curaduría espacial limpia para evitar saturar la estancia:

    • Aire visual: Requiere metros libres a su alrededor para lucir su trazado. Luce de maravilla al maridarse con mesas de centro bajas de contornos circulares u ovales, alfombras de gran formato e iluminación puntual escultórica.

    • Materialidad y color: Tapizado en cueros en tonos suela, coñac o tabaco, añade una calidez señorial que equilibra paletas neutras y frías; en tonos saturados, se convierte en la pieza central indiscutida de la vivienda.

    • Escala y proporción: Aunque su carácter es monumental, no requiere plantas desmedidas. Reducir la cantidad de módulos a una curva sutil permite aprovechar su ergonomía en salones medianos sin entorpecer el paso.

    En definitiva, la vigencia del sofá acordeón demuestra que el buen diseño no caduca: evoluciona para transformar el mobiliario en una experiencia de confort fluido y libertad espacial.

    Analía de la Llana

    Las más leidas

    Sofá acordeón, la vuelta de un ícono eterno

    Compartir esta nota:

    Últimas noticias

    Descargá el libro digital del arquitecto Rodolfo Sardi y recorré toda la obra del referente mendocino

    El 19 de septiembre se presentó en el MMAMM una investigación fundamental que repasa casi seis décadas de...

    Wabi-sabi en tu baño, el arte de la imperfección

    Frente a la pulcritud fría y la simetría clínica de los revestimientos industriales, la filosofía japonesa propone una...

    Brownies perfectos de cacao, deleite para tu paladar

    Nacidos a fines del siglo XIX en Estados Unidos, estos bocados de chocolate son un clásico absoluto de...

    Camperas de transición primaveral, comodines perfectos

    Más livianas que un abrigo invernal, las camperas de transición se consolidan como las prenda capaces de elevar...