En proceso de producción, esta ambiciosa obra de Daniel Rueda, deconstruye veinte años de mecenazgo. Una apuesta para demostrar cómo un patrimonio de piezas artística s, articula un engranaje de gestión cultural con el impacto colectivo.
El universo editorial del arte contemporáneo se prepara para recibir una publicación de gran envergadura que subvierte la idea tradicional del coleccionismo pasivo. Se trata de la gran apuesta de Daniel Rueda (abogado, gestor cultural y marchand de arte argentino) con más de 400 páginas fruto de un exhaustivo trabajo de investigación de dos años, este proyecto —actualmente en su fase de edición— analiza las 250 obras reunidas por Rueda durante más de dos décadas, no como una acumulación azarosa de objetos estéticos, sino como un caso de estudio sistémico. Un mapa vivo donde cada pieza testimonia un puente real y situado con la curaduría, la gestión institucional y la construcción de comunidad.
Un proceso que nació como parte del camino
“La preparación de este libro no nace como una decisión puntual que la recuerde, sino como una deriva natural de más de dos décadas de trabajo en el campo cultural. En ese recorrido, la acumulación de experiencias, vínculos, obras y sistemas de gestión empezó a adquirir una forma que ya no podía leerse solo como trayectoria personal, sino como un conjunto organizado de relaciones culturales”, contó a ClubHouse el gestor cultural.

Según expresó, “la necesidad de este proyecto surge en el momento en que esa experiencia deja de ser solo práctica y comienza a leerse como estructura”.
Un acervo, las gestiones, los equipos de trabajo, los artistas y las instituciones con las que Rueda ha interactuado en este camino, y que configuran, un sistema que requería ser observado, ordenado y pensado desde afuera de la urgencia cotidiana. Y así lo vivió el profesional.
Por ello, la preparación del libro es, en ese sentido, y según contó “un ejercicio de distancia: una forma de convertir práctica en lectura, recorrido en sistema, y experiencia en un relato que no clausura, sino que abre preguntas sobre cómo se construye una escena cultural en el oeste argentino, y su proyección más amplia”.

Mucho más que un libro
El proyecto se presenta explícitamente como “un caso” y no simplemente como un libro antológico, ¿Pero qué mirada se desprende en este sentido desde el gestor cultural?
“Es cierto, el proyecto se presenta explícitamente como un ‘caso’ y no como libro antológico”, apunta. Y es que desde su mirada definirlo como “caso” implica desplazarlo del formato clásico de compilación o antología, hacia una lectura estructural.
“No se trata de reunir materiales, sino que se pretende mostrar cómo se organiza un sistema cultural en funcionamiento. Estoy convencido que el libro no buscará representar un canon ni ordenar jerarquías de obras o artistas. Lo que intentará es evidenciar un modo de construcción cultural situado: un ecosistema donde conviven gestión pública, iniciativa privada, producción artística, mediación, arquitectura, vino y territorio, entre otros factores”, detalló.
Desde la mirada de Rueda, al pensar el libro como caso le permite asumir algo central: no hay neutralidad en la selección ni en la mirada. Hay una posición desde la cual se organiza la experiencia cultural, y esa posición está atravesada por vínculos, decisiones, contextos y condiciones históricas concretas.
“En ese sentido, somos un equipo que preparamos un libro que no describe un sistema cerrado, sino un proceso vivo. Pensemos que un caso no es una conclusión: es una forma de observación en movimiento”.

El camino de selección
Según contó el marchand, la selección de las obras y los materiales no responde a criterios de excepcionalidad ni a una lógica de canon. El eje estará puesto en lo testimonial: “en aquellas obras que permiten reconstruir un vínculo, un momento o una relación significativa dentro del recorrido”.
Las piezas no se han elegido por su carácter emblemático, sino por su capacidad de condensar experiencias. Muchas veces, lo que define su presencia no es su valor aislado, sino la trama que construyen con otros momentos, con otros artistas y con otros contextos.
“En ese sentido, lo he dicho desde el minuto cero, la ausencia también forma parte del sistema. No todo está incluido porque no todo ha sido parte del recorrido efectivo. Tampoco la colección que se pretende visibilizar no busca ser total, sino muy honesta, con sus condiciones de construcción. La selección es, entonces, un ejercicio de lectura: leer las obras como parte de un sistema de relaciones, donde lo importante no es la pieza en sí, sino lo que activa en términos de memoria, experiencia y construcción de sentido”.
La cocina del libro
Según precisó Rueda, la dirección editorial está a cargo del reconocido editor internacional, Hernán Bisman. Una labor clave para “transformar un conjunto disperso de materiales en una estructura legible. Su mirada y experiencia permitió organizar un universo complejo sin reducirlo, manteniendo la tensión entre pensamiento y archivo”.
La decisión de trabajar en dos tomos no fue solo formal, sino conceptual. También contó con la voz del premiado Diego Pinilla, a cargo del diseño. Su experiencia y el trabajo en equipo, llevaron al resultado de la idea que próxima a concretarse y compartir “como un gran equipo que somos”, recalcó el profesional.
-¿Cómo se ha organizado?
Por un lado, el tomo de gestión organiza el sistema: las plataformas, la entrevista, las redes, los actores, las instituciones y las formas de producción cultural. Por otro lado, el tomo del acervo se concentra en la experiencia directa: las obras, los encuentros y las relaciones que dieron forma a ese sistema.
El diálogo con la edición fue también un proceso de traducción. Convertir materiales heterogéneos como son los textos, relatos, registros, memorias, estructuras institucionales en una arquitectura editorial coherente implicó aceptar que el libro no debía resolver la complejidad, sino exponerla.
En ese sentido, la edición no ordena el sistema desde afuera, sino que lo deja aparecer. Es lo que anhelamos suceda.

Alto impacto
El objetivo de Rueda con esta gran apuesta es abrir una conversación sobre cómo se construyen hoy varios de los sistemas culturales. “Este libro buscará no proponer un modelo a seguir, sino un caso, cómo me observaste: para ser leído, discutido y eventualmente contrastado con otras experiencias. En ese sentido, pueda resultar útil para nuevas generaciones de gestores, curadores y editores en la medida en que muestra que la práctica cultural no es solo producción de eventos o circulación de obras, sino construcción de ecosistemas complejos donde intervienen múltiples actores, escalas y temporalidades. La lectura sobre la importancia de lo situado, y de cómo desde un territorio específico como Mendoza se pueden articular redes regionales, nacionales e internacionales sin perder identidad local”, argumentó.
Definitivamente el impacto no está en la conclusión del libro, sino en su capacidad de ser leído como sistema abierto, como una herramienta de reflexión sobre prácticas culturales contemporáneas.
La esencia de su trabajo
“Puedo asegurar que no es la acumulación de obras ni la documentación de una trayectoria, sino la construcción de una forma de lectura del campo cultural. Se trata de un sistema que articula experiencia, gestión, vínculos y producción artística en un mismo plano de análisis. Un modo de entender el arte no como objeto aislado, sino como resultado de relaciones complejas entre personas, instituciones, territorios y tiempos”, detalló.
-¿Qué deseas que genere esta enorme apuesta?
Deseo profundamente que el libro intente organizar una experiencia sin cerrarla, mostrar un recorrido sin convertirlo en relato definitivo, y dejar en evidencia que toda escena cultural es, en el fondo, una construcción colectiva en permanente movimiento. En ese sentido, más que definir algo acabado, el trabajo buscará cuando se presente, sostener una pregunta abierta sobre cómo se produce sentido en el arte contemporáneo desde un territorio situado: el oeste argentino.



