Una perfecta y personal combinación de árboles y especies dan marco al restaurante, la casa familiar y la piscina de una bodega mendocina.
En Maipú, muy cerca de la capital de Mendoza, la Bodega Agostino se erige en un verdadero oasis, rodeado de parques, huerta orgánica, casa de campo, piscina y viñedos con más de 90 años de antigüedad.

Con estilo europeo, la vegetación adquiere un papel protagónico, sobre todo en la zona de restaurante con plantas perennes que sorprenden a los visitantes con su belleza y color durante todos los meses del año.
La casa de campo se suma a la armonía del diseño junto a una piscina ubicada en zona de pinos, coníferas, arbustos y flores.
Referenciando a un oasis en medio del desierto y por obra del paisajista Federico Cantalejo, la vegetación de zonas áridas aporta un marco especial. Cortaderas, Pennisetum y Phormium se agrupan perfectamente en el jardín dándole sentido al concepto planteado.

Un lago interrumpe el paisaje y sirve de reserva para el riego del jardín. En la zona posterior, la casa de campo, que funciona como hotel, se suma a la armonía del diseño junto a una piscina ubicada en una zona de pinos altos, azahares y rosas iceberg.

En un ambiente calmo e insonoro, la armonía invita a transitar un jardín español colmado de agapanthus. La paleta de colores suma tonos rojos y amarillos que completan el concepto de la decoración.
En Maipú, muy cerca de la capital de Mendoza, la Bodega Agostino se erige en un verdadero oasis.

El legado europeo del paisajismo presente en este sector de la bodega, se orienta hacia un jardín con estilo francés y toques continentales representado en un gran cantero de rosas blancas.
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