Una cena junto a comunicadores y la dueña del restaurante mendocino era parte de la agenda del enólogo en su visita a la provincia y así fue. Una noche de charla en la que el asesor y winemaker dejó claro sus apreciaciones acerca del vino y un momento para degustar sus creaciones junto a los platos de la casa. Las fotos.
Sin dudas que es un lujo degustar un vino de uno de los enólogos más reconocidos en el mundo y que esa persona esté presente en ese momento. No sólo porque uno puede entender y apreciar mejor esa copa, sino también porque la historia, trayectoria y anécdotas del creador de esa etiqueta hacen que esa degustación sea especial, grandiosa.
Asi fue para algunos comunicadores y periodistas mendoicnos que estuvieron invitados a una cena en Francesco Ristorante para degustar algunas cosechas de Clos de los Siete y de Bodega Rolland, en un ambiente cuidadosamente curado.

En el salón Jardines de Francesco se realizó este encuentro, una exclusiva comida por pasos, de la que participaron además, el cónsul general de Italia en Mendoza, Giuseppe D’Agosto, su esposa, Teresa D’Agosto, María Teresa Corradini de Barbera. El encuentro celebró la elegancia francesa, la calidez argentina y la tradición gastronómica italiana.

La experiencia fue organizada por el reconocido enólogo Michel Rolland, referente de Clos de los Siete, junto a Beatriz Barbera, una de las socias propietarias del icónico Francesco Ristorante. Fiel al espíritu de la familia Barbera, la cocina italiana fue protagonista a través de recetas que combinaron herencia, sazón mediterránea y productos locales, integrándose de manera armoniosa con la selección de los emblemáticos vinos provenientes de Valle de Uco.

El menú creado especialmente para esta velada propuso un recorrido sensorial donde la pasta artesanal, los sabores clásicos de la cocina italiana y la técnica contemporánea se encontraron con etiquetas emblemáticas de las bodegas que Rolland posee en Mendoza. Una combinación que exaltó los puentes culturales entre Francia, Argentina e Italia, honrando tres tradiciones que conviven naturalmente en la mesa argentina.

Halagos para Rolland y algunas buenas frases que expresó el enólogo
Beatriz Barbera fue quien agradeció la presencia de Rolland en Francesco y se enorulleció de tener tal presencia en su casa.
“Sos parte nuestra y te agradecemos por estar acá y unir Italia, Francia y Mendoza”, dijo la empresaria gastronómica.
A su turno, Michel Rolland, copa en mano, comentó: “Argentina es parte de mi vida. Llegué acá hace 37 años gracias a Arnaldo Etchart. Conocí primero el norte argentino y luego vine a Mendoza, donde asesoré a mcuhas grandes bodegas hasta el día que decidí hacer mi propio proyecto (Clos de los Siete)”.
Entre tantas e interesantes opiniones y pensamientos que Rolland dejó esa noche, expresó: “Yo nací en Francia, me crié allí, pero he hecho mucho en Argentina y me encanta Argentina, los argentinos, sus paisajes. Tengo que volver a Francia, hace casi un mes que estoy aquí, pero Argentina es mi vida”.

Durante la cena, la charla giró en torno a el futuro del vino argentino, nuevos terroirs para la vitivinicultura, los distintos mercados y el consumo actual, entre otros. Algunas de las frases que marcaron el encuentro fueron:
“El vino sin alcohol no es vino”.
“Siempre me preguntan qué es lo nuevo que estoy haciendo y la respuesta es simple: no siempre uno hace algo nuevo; yo hago vino, inteto que sean mejores cada vez”.
“Tengo 53 años de vinificación y en el mundo del vino he visto muchas crisis. Hay gente que se queda en el camino y gente que empieza de nuevo”, dijo al ser consultado por la caída del consumo en le mundo.

“Argentina es un bebé en el mundo del vino porque cuando la visité por primera vez, en 1989,no sabía lo que producía este país ya que no exportaba”, comentó el enólogo.
Talento, historia y sabores en una sola velada
El encuentro, del que también participaron el gerente de Clos de los Siete, Ramiro Barrios y el director enológico de Bodegas Rolland, Rodolfo Vallebella, también puso en valor el espíritu de familia que caracteriza tanto a los Barbera como a los Rolland: dos proyectos que, desde lugares distintos, comparten una misma vocación por la excelencia, el trabajo en equipo y la transmisión de un legado.

La historia familiar, el compromiso intergeneracional, la pasión por la hospitalidad y el vino se sintieron presentes en cada detalle de la noche, reforzando la identidad y el alma que sostienen ambos emprendimientos.

Una velada única que reunió talento, historia y sabores, reafirmando la potencia del cruce gastronómico entre mundos que se complementan a la perfección.





