La ciencia de la salud y las emociones también llegó a la arquitectura y los profesionales trabajan en conocer de qué manera los diseños influyen en nuestra forma de ser.
Con el objetivo de conocer cómo influyen los espacios cerrados en la vida de las personas, la neuroarquitectura trabaja al servicio de la felicidad y la motivación de las personas.

Frente a esta nueva manera de concebir a la profesión la pregunta es, si un edificio puede hacer a sus habitantes más creativos y felices. Este es el punto en donde esta nueva rama comienza a trabajar y a hacer propuestas.
La arquitectura emocional rompe con los principios del diseño tradicional porque no se basa en inventar el espacio, sino en crearlo a partir de necesidades existentes.
La arquitectura emocional es una disciplina emergente que asegura que el entorno arquitectónico en el que nos movemos, puede influir en nuestras emociones y procesos cerebrales.

Origen
Esta disciplina surge en 1998 de los neurocientíficos Fred H. Cage y Peter Eriksson, defensores de la idea de que un entorno estimulantemente rico es capaz de generar nuevas neuronas.
Los expertos llegaron a la conclusión de que los espacios provocan sensaciones, positivas o negativas, influyendo en determinados procesos cerebrales, como el estrés, la emoción o la memoria.

Principios aplicados
A partir de ahí, surgió la idea de aplicar los principios neurológicos a la arquitectura para poder potenciar la creatividad y el confort.
Primeros pasos
Esta idea de la neuroarquitectura se aplicó en escuelas y oficinas que fueron acondicionadas especialmente para que sus “habitantes” disfrutaran de experiencias placenteras.
La profesora Joan Meyers-Levy demostró que los techos altos eran promotores de pensamientos abstractos y creativos. Los más bajos ayudaban a la concentración de detalles específicos.
Iluminación
De acuerdo a las pruebas, un estudio demostró que las oficinas con luz natural inciden positivamente en el bienestar físico y emocional de los trabajadores.
La neuroarquitectura trabaja al servicio de la felicidad y la motivación de las personas.
Por su parte, la luz artificial insuficiente hace que el cerebro se esfuerce más en la realización de tareas lo que influye negativamente en la productividad y rendimiento de las personas.
Nueva tendencia
La arquitectura emocional rompe con los principios del diseño tradicional, porque no se basa en inventar el espacio, sino en crearlo a partir de necesidades existentes.

Esta nueva concepción de la edificación busca que todas las fases del proceso constructivo se integren y conviertan en una experiencia enriquecedora.


