Como muchos padres que reciben la noticia de que tienen un hijo con discapacidad, dio todo para mejorar la vida de su niño pero buscó ir más allá: visibilizar e incluir a quienes hoy casi no tienen lugar en el mercado laboral y social.

Por Diana Chiani

“A mí nada me tira para atrás. Nada”. Juan Matías Arnulphi lo declara con tal convencimiento y firmeza que es claro que no se trata de una pose. No es solo su tono de voz sino que, luego de unos cuantos minutos de conversación, se tiene la sensación de que –si las hay- serán mínimas las contingencias que podrían frenar su avance. 

Tampoco es su progreso ni de que a sus 36 años pareciera estar en la cresta de una ola sin límites en su vida empresarial o comercial con la apertura de un café en donde trabajan personas con distintas discapacidades y el dominó de crecimiento que devino entonces. 

“Ojo, trabajo 16 horas todos los días y amo lo que hago”, aclara como si hiciera falta justificar su capacidad para generar negocios con impacto social positivo. En su fuero interno sabe que no debe explicaciones porque cada día busca superarse y porque es honesto en relación a lo que busca: romper el molde, hacer negocios rentables e incluir a los que están afuera.

Su mirada hoy está teñida por esa capacidad para concretar, el crecimiento económico y la felicidad de ver muchos sueños cumplidos. Así, la frase del inicio es como esas certidumbres de que, pase lo que pase, nada (o tal vez casi) puede ser tan fuerte como para detener a Juan Matías.

Un empresario gastronómico y cantante folclórico que desde hace un tiempo saltó a la fama local por ser el propietario del primer café con inclusión real; al contar entre sus empleados a personas con discapacidad: no se trata de una o dos sino de la mayoría. 

Sus empleados tienen síndrome de Down, hipoacusia, Condición del Espectro Autista (CEA) o son ciegos, con edades que van de los 20 a los 40. “La verdad son empleados como cualquiera pero lo cierto es que no llegan tarde ni faltan”, comenta con orgullo.  

Café Posible ya tiene dos sucursales y pronto abrirá una tercera en Arístides Villanueva. Esta última con la particularidad de que también tendrá peluquería y –un poquito más adelante- un Bed & Breakfast. Todo con la misma modalidad de empleados incluidos. 

Dar trabajo a personas que por lo general no pueden acceder al mercado laboral tuvo que ver con el diagnóstico de CEA de su hijo Valentino, que hoy tiene 6 años y muestra avances tal vez impensados en un comienzo. Parece que “al Valen” tampoco hay nada que pueda pararlo. 

¿Cuál es tu mirada sobre la importancia de incluir?

Cuando, como padre, recibís un diagnóstico como el de Valentino es un balde de agua fría, pero también una manera de comprender mejor distintas conductas de tu hijo para poder ayudarlo de la mejor manera. Creo que todos los padres tenemos la misión de hacer la vida de tu hijo mejor y, si el niño tiene una discapacidad, mucho más.

Hicimos todo a nuestro alcance para poder estimularlo y contenerlo. Y mucho de eso cobró sentido cuando me dijo “hola papá” por primera vez.

Pero no es solo eso, es la infinidad de avances que él hace por sí mismo: está en primer grado con una inclusión perfecta y con logros que me emocionan día a día. 

Sin embargo, buscaste ir más allá de esta responsabilidad paterna.

Me empecé a interiorizar sobre el tema, fui a la municipalidad y pedí plazas más inclusivas, pero también pensé en el futuro de las personas con una condición de discapacidad. 

Porque cuando tenés el diagnóstico todo es difícil: conseguir un certificado de discapacidad, que las obras sociales se hagan cargo, encontrar escuelas que incluyan y también realizar tu propio proceso; mucho del cual tiene que ver con el futuro de ese  hijo.  Y lo último que necesitás cuando tenés un diagnóstico así es que te compliquen la vida. 

Si bien hoy no tengo ninguna de esas complicaciones operativas, como papá pensé en dejar un camino más fácil para todas las personas con autismo u otra discapacidad. “Esto lo quiero normalizar y visibilizar. Romper con los prejuicios y los moldes que todavía existen”, sostiene. 

La apuesta es fuerte pero, según su lema, posible. Una manera de hacerlo tiene que ver con la posibilidad de futuro para los chicos, la opción de ganarse la vida, valerse por sí mismos y también de ser realmente incluidos, aceptados como personas con sus diferencias, capacidades y talentos, como cualquiera. 

“Antes del diagnóstico de mi hijo no tuve la empatía que quiero generar hoy”, reconoce Arnulphi y agrega: “Claro que fui educado para ser respetuoso e incluir, pero el compromiso no es el mismo al tener una persona allegada con discapacidad. Lo que quiero es generar un cambio trascendental y por eso para mí es todo positivo”.

Juan Matías trabaja desde hace años en gastronomía y, si bien la pandemia lo obligó a barajar y dar de nuevo, ha vuelto con renovados ímpetus. La apertura con su hermano del bar Cristhoper también tiene un costado inclusivo en relación a la comunidad LGTB+ y una de las premisas es contratar personas trans, que aún tienen dificultades para insertarse en el mercado laboral. 

¿Qué consejo le darías a alguien que recibe un diagnóstico similar al que tuvieron con Valentino?

Cada uno hace lo que puede y es difícil aconsejar, pero yo tengo claro que nunca hay que ponerle techo a un hijo.

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