¿Se imagina lograrlo sin inversiones económicas ni acuerdos internacionales? Junto a un especialista develamos el gran secreto.

En medio de tiempos turbulentos, ¿quién no desearía poseer una receta mágica para transformar la realidad? ¡Y cómo se maravillaría esa persona si le dijera que existe! Cambiar el porvenir es posible y, aunque usted no lo crea, podemos conseguirlo  restaurando hábitos del pasado. ¡No se asuste! Siga adelante, que adentro nos espera una eminencia, el Dr. Ángel Puente Guerra, de la Universidad Maza.

Si usted se está preguntando cuál es la relación entre cambiar el mundo y un experto en Letras, la respuesta radica en el poder de los libros, en cómo necesitamos más que nunca de la lectura. Lo invitamos a ser parte de esta aventura, le garantizo que tendrá su premio.

Precisamos más que nunca de la lectura, pero cada vez leemos menos. Este es un problema verdaderamente grave y desencadena muchos otros, que pueden palparse concretamente día a día en cualquier parte: hogares, escuelas y universidades, empresas y donde usted quiera.

“La falta de lectura y la mala escritura son causa y efecto, todos los grandes escritores fueron grandes lectores y allí donde hay lectura hay pensamiento”, destaca Ángel. Menos ignorancia, más sabiduría: leer acrecienta nuestro acervo histórico y cultural, despierta nuestra imaginación y mucho más.

“¡Aburrido!”. ¿Qué? ¿Quién dijo eso? ¡Van a ponerle los pelos de punta a nuestro invitado! Voy a dejar que él les responda: “Cada libro que no leen es una puerta que no abren y no saben lo que se están perdiendo, lo bien que lo pueden pasar, horas y horas desconectados de los problemas, la política, la grieta…”.

Beneficios concretos al alcance de la mano. Beneficios individuales, porque como dice
Puente Guerra “el día en que uno adquiera el hábito de leer sepa que, desde ese momento y hasta que se muera, jamás volverá a estar solo” y beneficios colectivos, que son los que buscamos poner de relieve.

Ante toda esta información cabe preguntarse por qué se lee menos y por qué ya no se fomenta la lectura. Esto nos llevó a dialogar sobre la educación actual y el contexto que nos rodea, con sus avances tecnológicos y las nuevas tendencias que se dan a conocer.

En esta era tecnológica y digital que sigue avanzando y que no parece tener cumbre, los individuos y las instituciones se adaptan para sobrevivir. El sistema educativo tiende a incorporar estos elementos porque los niños y jóvenes ya están familiarizados con ellos: usan celular gran parte del tiempo, se recrean a través de videojuegos y contenidos audiovisuales, desarrollan relaciones en la virtualidad, etc. Los déficits de atención, por ejemplo, ya no son vistos como un problema sino como una característica de época. ¿Es posible entonces pensar en que volveremos a leer si nos formamos desde la cuna con estos hábitos? ¿No parecen ser dos elementos contrapuestos? “Antes uno pasaba al frente y leía, y leía con entonación, y hacía una pausa cuando había una coma. Ahora eso ya no existe más”, dice Ángel.

El panorama es complejo. Podríamos hacernos muchas preguntas al respecto. Si bien parece seguir habiendo cierta conciencia sobre la importancia de la lectura como cimiento de la educación, muchas veces se toman y justifican decisiones contradictorias. Lo cierto es que cotidianamente pueden verificarse las consecuencias de este olvido o pérdida de interés: “En los parciales y en los temas especiales se observa la brecha abismal que existe entre el alumno lector y el no lector, en todo sentido. En contenidos, en forma de expresarse, en vocabulario, en ortografía, en gramática, todo, todo, todo”, ratifica Puente Guerra.

Si esto fuera una batalla, podríamos decir que el terreno en el que combate nuestro paladín de la lectura está resbaladizo y peligroso. “Pareciera que soy como un manatí predicando en el desierto” expresa él con su característica jovialidad. Y mientras no se instrumente un cambio radical desde el poder, sigue adelante con su trabajo de hormiga: “es la parábola del sembrador, uno arroja las semillas y no sabe cuáles van a fructificar. Lo importante es tener conciencia del problema y contagiar e irradiar a los demás”, dice Ángel, un ejemplo de pasión y servicio que se manifiesta en las aulas y que sigue insuflando buenos sentimientos y prácticas en muchas personas, las “víctimas” de nuestro Quijote, que no vino de La Mancha sino de Madrid, también en España.

En tiempo de epidemias y calamidades, vale la pena poner de relieve que la lectura se encuentra en peligro de extinción. Y así como asusta la enfermedad del cuerpo, debería asustar la enfermedad de las mentes y de las inteligencias, pues si muere la lectura, perece la cultura y fenece el pensamiento.

Al diagnosticar la enfermedad, ¿quién no intentaría sanarla? Ángel aplica algunos recursos en el aula, pero como si fuéramos su Sancho Panza, tratamos de aventurarnos fuera de ella, hacia territorios ignotos. Y hemos descubierto oculta una cura que existe desde hace mucho tiempo. Parece haberle sucedido lo que a algunos nobles metales abandonados a su suerte, que se opacan y tiznan; sin embargo, así como ellos relucen nuevamente tras limpiarlos con esfuerzo y dedicación, este tratamiento puede cambiarlo todo si lo empleamos con constancia y amor.

Tome nota porque la receta puede ser aplicada en lo más recóndito del hogar, allí donde el clima familiar debería imperar. Cada día, al caer la luz del sol, cuando los pequeños están en la habitación, un padre o una madre deberían tener a mano un libro cuyas narraciones cautiven a sus hijos en los instantes previos al sueño. Los niños descubren muy rápidamente que si una historia dice había alguna vez, en  algún lugar muy lejano, todo lo que viene después es maravilloso. “Si yo lo acostumbro, es como una droga: él se da cuenta de que eso le va a encantar y luego alimentará ese hábito por sí solo”, cierra el queridísimo Puente Guerra.

No es magia, pero pareciera tener algo de ella. Pensándolo bien… Es muy probable que tenga, ¡y de la buena! Esta es la pócima que puede cambiarlo todo. Es la fórmula para el futuro.

Universidad Maza

Gabriel Omar Chaud
Comunicación Institucional
www.umaza.edu.ar

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