El ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2022 ha encontrado formas revolucionarias de responder a las preguntas existenciales de la arquitectura de las últimas décadas.

Por Arq. María Florencia Oña La Micela. Contactala aquí.

Francis Keré nació en Burkina Faso, una de las naciones menos educadas y más empobrecida. Es conocido por empoderar y transformar comunidades a través de la arquitectura. Francis Keré es ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2022.

El éxito de La escuela Primaria Gando lo llevó a obtener el premio de Arquitectura en 2004, y fue el catalizador para establecer su estudio profesional Keré Architecture en Berlín en 2005.

Esto desencadenó la realización de otras escuelas primarias, secundarias, terciarias y centros médicos en Burkina Faso, Kenia, Mozambique y Uganda. Su obra construida en África ha generado resultados exponenciales, no solo por proveer educación a chicos y tratamientos médicos para los más vulnerables; sino también, por generar oportunidades de trabajo y dotar de herramientas vocacionales a adultos. En consecuencia, su servicio ha estabilizado el futuro de comunidades enteras.

Con cada viaje a su ciudad natal de Gando, Keré ha adquirido un conocimiento profundo, acompañado por conocimiento técnico, entendimiento ambiental y soluciones estéticas. Su servicio a la humanidad, a través de la sensibilidad cultural, su compromiso y devoción, se demuestra como un ejemplo de generosidad.

Considera que la buena arquitectura está relacionada con la resolución de un salón de clases donde se pueda tomar asiento y tener luz natural tamizada. Entender cómo se puede retirar el calor proveniente del sol, pero usar la luz en beneficio y crear las condiciones climáticas para el confort, permiten una experiencia donde se facilita el aprendizaje y la enseñanza.

Francis Kéré ha encontrado formas brillantes, inspiradoras y revolucionarias de responder a las preguntas existenciales de la arquitectura de las últimas décadas. Su sensibilidad cultural no solo entrega justicia social y ambiental, sino que guía todo su proceso, en la conciencia de que es el camino hacia la legitimidad de un edificio en una comunidad.

La arquitectura no se trata del objeto, sino del objetivo; no el producto, sino el proceso. Todo el cuerpo de trabajo de Francis Kéré nos muestra el poder de la materialidad arraigada en el lugar. Sus edificios, para y con las comunidades, son directamente de esas comunidades, en su construcción, sus materiales, sus programas y sus caracteres únicos. Están atados al suelo sobre el que se sientan y a las personas que se sientan dentro de ellos. Tienen presencia sin pretensiones y un impacto moldeado por la gracia.

Desarrolló un vocabulario arquitectónico ad-hoc, altamente performativo y expresivo: los techos dobles, la masa térmica, las torres eólicas, la iluminación indirecta, la ventilación cruzada y las cámaras de sombra no solo se han convertido en sus estrategias centrales, pero en realidad han adquirido el estatus de dignidad construida.

 

“Espero cambiar el paradigma, empujar a la gente a soñar y arriesgarse. No porque seas rico debes desperdiciar material. No porque seas pobre no puedes intentar calidad […] Todos merecen calidad, todos merecen lujo y todos merecen comodidad. Estamos interrelacionados y las preocupaciones sobre el clima, la democracia y la escasez son preocupaciones para todos nosotros”.

 

Crecí en una comunidad donde no había jardín de infantes, pero donde toda la comunidad era tu familia. Todo el mundo te cuidaba y todo el pueblo era tu patio de recreo […] Recuerdo el cuarto donde mi abuela se sentaba y contaba historias con un poco de luz, mientras nos acurrucábamos uno al lado del otro y su voz dentro del cuarto nos envolvía, convocándonos a acercarnos y formar un lugar seguro. Este fue mi primer sentido de la arquitectura”.

La obra de Francis Kéré es, por su esencia y su presencia, fruto de sus circunstancias. En un mundo donde los arquitectos construyen proyectos en los contextos más diversos, no sin controversias, Kéré contribuye al debate incorporando dimensiones locales, nacionales, regionales y globales en un equilibrio muy personal de experiencia de base, calidad académica, baja tecnología, alta tecnología y un multiculturalismo verdaderamente sofisticado. 

Su perspectiva a la vez local y global va mucho más allá de la estética y las buenas intenciones, permitiéndole integrar lo tradicional con lo contemporáneo.

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