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    El arquitecto estadounidense de origen chino, desarrolló su carrera durante siete décadas dejando en pie emblemáticos museos y una gran cantidad de edificios públicos.

    Por Arq. María Florencia Oña La Micela

    Ieoh Ming Pei, comenzó su larga carrera diseñando edificios para un desarrollador en Nueva York y terminó como uno de los arquitectos más respetados del mundo. Falleció a los 102 en su casa de Manhattan, en mayo de 2019. Reconocido por el diseño del Edificio Este de la National Gallery of Art en Washington y la pirámide de vidrio en la entrada del Louvre en París; el señor Pei era uno de los poco arquitectos atractivos para desarrolladores en el mercado inmobiliario, jefes corporativos y juntas de museos de arte. Y todo su trabajo -desde sus rascacielos comerciales hasta sus museos de arte- representa en la actualidad, un cuidado balance entre lo conservador y la vanguardia. 

    Sostuvo que no solo quería resolver problemas arquitectónicos, si no también producir arquitectura de ideas. Las ideas y la práctica profesional deberían haberse interceptado aún más, según Pei. El arquitecto nacido en China, se mudó a Estado Unidos en 1.930, fue contratado por William Zeckendorf en 1.948 luego de graduarse en Harvard.

    Allí, desarrolló tempranamente su carrera al realizar el diseño de edificios de gran altura. En 1.955, logró establecer su propia firma junto a Henry Cobb y Eason Leonard. En sus primeros años realizaron proyectos como: Kips Bay Plaza en Nueva York, Society Hill Towers en Philadelphia y Silver Towers en New York.  Ya en 1.960 se convirtió en un estudio totalmente independiente, logrando encargos para proyectos de mayor envergadura. Algunos de ellos: el National Center for Atmospheric Research in Boulder, Everson Museum of Art in Syracuse and Des Moines Art Center.

    Estos fueron la primera serie de museos diseñados por el profesional. Se agregaron a la lista otras galerías reconocidas como: el East Building (1978), la pirámide del Louvre (1989) y Rock & Roll Hall of Fame and Museum in Cleveland. Si bien rechazó el trabajo debido a que no era fanático del rock and roll, teniendo que experimentar el espíritu de la música viajando a conciertos de rock con el publicista de Rolling Stone.

    Posteriormente, en 2.008, aceptó el encargo para realizar el diseño del museo de Arte Islámico en Doha, Qatar. Las fachadas de hormigón fueron una característica de la época temprana de su carrera, luego cambió a un estilo moderno y más escultórico.

    En su larga carrera supo combinar el deseo de ser audaz, con la incorporación de formas contundentes: un pragmatismo nacido en los primeros años de su carrera, junto a la alternancia entre diseños comerciales y, abriéndose camino en otros campos de la arquitectura. Además de la gran cantidad de museos diseñados por él, también desarrolló salas de concierto, edificios académicos, hospitales, oficinas, bibliotecas.

    En 1.979, luego que la Galería Nacional fuera acabada, el arquitecto recibió una medalla de oro del American Institute of Architects y en 1.983 ganó el Pritzker Prize, reconocido como el mayor honor que un arquitecto pueda recibir en vida. Su estudio creció en tamaño y prestigio llegando a emplear 300 personas. I.M. Pei  logró su mayor reconocimiento internacional en Francia.

    En los 1.980 el residente Francois Mitterrand, un admirador del East Building en National Gallery, invitó al profesional a renovar la explanada del Museo del Louvre.

    Propuso una pirámide de vidrio en el centro del patio de Napoleón para funcionar como la entrada principal de la galería; colocándose a sí mismo en el centro de una controversia y acusado de anular uno de los más grandes íconos del mundo. Sostuvo que su pirámide de vidrio era una versión actualizada de la forma tradicional, y su rediseñado patio fue influenciado por la forma geométrica del trabajo realizado por el arquitecto paisajista Le Notre.

    Fue rigurosamente racional y en ese sentido, clásicamente francés. Luego de muchos años la pirámide ha sido aceptada, admirada y se ha convertido en un símbolo de un París revitalizado. Pei permaneció como un modernista comprometido y mientras ninguno de sus edificios pudo ser llamado anticuado o tradicional; su diseño modernista particular es claramente limpio, reservado, afilado, destacado, con un uso simple de geometría y con aspiraciones a la monumentalidad.

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