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    Por Federica Monge y Lucas Alfonso de Plataforma

    La carrera de obstáculos que deben afrontar los jóvenes diseñadores de indumentaria de nuestra provincia para adecuarse a parámetros externos e impuestos atentan contra el espíritu de la mayoría.

    ¿Hay caminos alternativos para lograr posicionarse?

    Iniciar una marca de indumentaria -para los jóvenes que salen de la facultad- fácilmente puede tornarse de un sueño a una pesadilla debido a las dificultades de lidiar con la realidad actual de nuestra provincia.

    Se trata de una tarea difícil y, en ocasiones, casi imposible. No sólo por la competencia con firmas mejor posicionadas que desfavorecen a los diseñadores sino también por la inexistencia de insumos y la escasez de talleres para la manufacturación de productos con buena calidad y costos accesibles.

    Enfrentemos la realidad: la materia prima muy difícilmente llega a tiempo cuando las colecciones deben respetar un calendario bastante apretado para poder competir o estar a la altura de otras marcas. Los textiles que se pueden conseguir son escasos -por no decir nulos- y se caracterizan por falta de variedad o colores. Las pocas opciones ponen a los jóvenes diseñadores contra la espada y la pared al momento de plantar sus colecciones.

    “¿Encontrarán los diseñadores jóvenes de Mendoza una forma de mantenerse vigentes, generar ganancias y subsistir este tiempo muerto económico/social/cultural por el que sobrevuela nuestro país?”

    Servicios fundamentales como talleres de costura, estampación y bordado; entre otros, que acepten pequeñas cantidades de indumentaria y respeten un precio accesible para los diseñadores emergentes no abunda. Esto, sin mencionar la poca variedad de insumos tan sencillos como cierres, botones, hilos y otros tipos de accesorios que son necesarios cuando los diseñadores plantean una visión de lo que quieren mostrar con su trabajo.

    La exigencia de los locales, donde hay que pagar percheros que son más caros que las prendas que se venden o piden alcanzar ventas muy grandes para mantenerlos es otra condicionante. Además, hay algunos negocios que remarcan los precios más de un cien por ciento convirtiendo las prendas en productos demasiado costosos para los usuarios. En tanto, los pocos “valientes” que afrontan el hecho de comprar las colecciones completas, también hacen dificultoso el camino de las ventas de los productos de indumentaria.

    La pregunta es: ¿está en nosotros continuar este ciclo de la moda, que más que ayudar al diseñador sólo lo desmotiva y hace que varias marcas de indumentaria emergente desaparezcan al corto tiempo de salir a la luz?, ¿o podremos, con las herramientas que poseemos, generar una nueva forma de un circuito de moda, que responda más a nuestras necesidades que a la de llegar a un status o posicionamiento que nos resulta inalcanzable?

    ¿Encontrarán los diseñadores jóvenes de Mendoza una forma de mantenerse vigentes, generar ganancias y subsistir este tiempo muerto económico/social/cultural por el que sobrevuela nuestro país?

    El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa de setiembre. Ingresá a la edición digital para leerlo igual que en el papel, haciendo click? aquí

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